Urgencia de un pacto por la infancia en la zona mapuche

Por Comunicaciones ANIDE

Marta Maurás posee una extensa trayectoria de trabajo en temas de infancia, que hoy se prolonga en el Comité de Derechos del Niño, del que es vicepresidenta. El organismo está integrado por expertos independientes que asesoran a las Naciones Unidas en materia de respeto y aplicación por parte de los estados de los principios establecidos en la Convención de Derechos del Niño. Ante la situación de violencia que se vive en la Región de la Araucanía hoy pone de manifiesto la necesidad de buscar mecanismos de protección para la niñez mapuche.

–  ¿De qué manera afecta a los niños y niñas mapuche la situación de conflicto que están viviendo las comunidades?

– Los niños se ven directamente afectados en la medida en que su propio espacio, en el que viven, estudian, juegan,  está afectado por el clima de violencia y las acciones violentas de todos lados. Por otro lado, indirectamente, la violencia misma, como ambiente y contexto para que se crezcan los niños, no es conducente a su desarrollo. Todos los estudios sobre violencia indican claramente que ésta se reproduce intergeneracionalmente  y  que los niños expuestos a la violencia empiezan a reproducirla y a considerarla un modo de vida.

– Las instituciones del Estado, en especial las policías, son acusadas permanentemente de reprimir y ejercer la violencia en la zona mapuche. ¿De qué manera opera esa situación contra los niños y niñas?

– Respecto de la seguridad o inseguridad ciudadana en las zonas indígenas, la reacción y contrarreacción de desproporcionada violencia de la policía ha sido un tema demostrado, denunciado, registrado e incluso ha sido motivo de dictámenes en contrario por parte de la Corte Suprema y de las cortes de Apelaciones regionales. Una de las últimas instancias ha sido, hace un mes atrás, ese episodio lamentable en que niños que acompañaban a sus familiares a ver a personas que habían sido detenidas en un enfrentamiento, fueron alcanzados por perdigones policiales en las afueras de un hospital en Collipulli. Las fotografías son muy  indicativas -han dado la vuelta al mundo, por lo demás-, y eso indica que no sólo hay una acción desproporcionada,  siendo el caso que las personas afectadas no amenazaban a nadie. Y, por otro lado, tampoco se tomó en cuenta la dimensión cultural específica. Este hecho, de que las familias, las mamás y papás mapuche andan con sus hijos en una actividad así es parte del contexto cultural. En la cultura indígena, el grupo familiar comparte las distintas experiencias, como por ejemplo, estar en un velorio, ir a ver a un familiar  enfermo, etc. Eso indica que hay poca atención a la dimensión cultural específica y, a mi juicio, ésa es la falla fundamental de las políticas respecto de las niñas y niños mapuche.

– ¿Por qué esa incapacidad o reticencia del Estado a modificar sus actuaciones a pesar de los reclamos y dictámenes?

– Creo que por un lado está la historia misma de la relación entre el pueblo indígena y el Estado chileno, que desde sus inicios siempre ha sido de  desigualdad, desproporcionalidad, de gran abuso, a  pesar del reconocimiento hecho después de la Declaración sobre los Derechos de los Pueblos Indígenas y de los distintos foros internacionales en los cuales Chile ha escrito y suscrito documentos y declaraciones, sobre todo a partir de los años 90. Esta situación se mantiene, en particular respecto del tema central que es el territorial -y que no es sólo un  problema de distribución de tierras, es un problema cultural que tiene que ver con el uso de la tierra, el valor que el indígena le da a la tierra como centro de su historia, de sus ancestros, su familia, etc.-, y que se ha abordado a través de un proceso muy deficiente. Y  además está la deficiencia de los servicios básicos, salud, agua, saneamiento. Tal es así que cuando uno mira las cifras, se da cuenta de que las mujeres indígenas, por ejemplo, en la zona de  Ercilla, que es la que cubre un reciente estudio de la CEPAL, muestran un 30 por ciento más de mortalidad que las mujeres  no mapuche; y en los hombres el índice es más alto incluso; y en materia de pobreza, proporcionalmente a la población hay mucho más niños pobres en la zona mapuche que en la zona no mapuche.

– ¿Los organismos internacionales han hecho presente esta situación?

– De partida, el Comité de Derechos del Niño ha planteado esta situación al Estado chileno desde  que éste hizo su primer informe.

– Chile tiene que presentar ahora su quinto informe.  ¿a juicio suyo, puede mostrar avances?

– Tiene fecha para presentarlo ahora en septiembre y sé  que el Ministerio de Relaciones Exteriores tiene una comisión para eso, pero la cuestión es qué informe vamos a hacer y qué respuesta vamos a dar a las observaciones hechas por  los informes anteriores. Hay algunas cuestiones que se pueden plantear: tenemos ahora una Ley de Responsabilidad Penal Adolescente,  aunque sabemos que es extremadamente defectuosa. El tema de la licencia materna también es un progreso, lo mismo que el programa Chile Crece Contigo. Ha habido algunos  avances en indicadores generales de disminución de pobreza, aunque esto ha generado mucha discusión. Después viene la larga lucha -en la que Unicef tuvo un gran papel- para lograr que el gobierno presentara el proyecto de ley, que fue aprobado por el Parlamento, para que se reformara la Ley Antiterrorista, de manera que no se aplique a los adolescentes menores de 18 años y, en cambio, se les aplique la Ley de Responsabilidad Penal Adolescente. Son progresos, como le decía, pero son retazos…

– ¿Y qué ocurre con los derechos de la niñez indígena?

– Sobre los derechos de los niños indígenas, el Comité observó “con preocupación” la discriminación, la gran desigualdad, en consecuencia, la vulnerabilidad” existente. Además recomendó que se hicieran mejores levantamientos de datos  respecto de la situación específica de la población de niños y niñas indígenas. Un tema muy particular que el Comité también levantó fue la cuestión de la educación en lengua materna, que ahí tampoco hemos avanzado mucho en este país.  También el comité observó y solicitó al Estado chileno un programa de promoción de derechos y de educación respecto de  que niños y niñas son iguales, tienen derechos iguales,  y eliminar, estudiar , identificar los actos de discriminación y perseguirlos sin son punibles por la ley.

– ¿Cree Ud. posible avanzar en la búsqueda de acuerdos para resolver la situación en que se encuentra la niñez mapuche respecto de sus derechos?

– A mí me parece que tenemos un déficit en tratar de encontrar la manera de hablarnos  teniendo como punto de referencia los derechos y el bienestar de los niños. En lo personal, debido a que tengo treinta años de trabajo con Naciones Unidas y Unicef en materias de infancia, he planteado, varias veces, la necesidad de buscar fórmulas. Durante la guerra en El Salvador, por ejemplo, se hicieron pactos por la infancia  entre la guerrilla y el gobierno para permitir que los niños pudieran ir al control de niño sano, obtener las vacunas, y que se declararan las escuelas como espacio de no violencia. Intervino Naciones Unidas y eso se logró. Aquí podría hacerse eso o buscar otras fórmulas.

– ¿Puede la ONU aportar a la solución del conflicto mapuche?

– Yo creo que cada uno de los organismos que componen la ONU -Unicef, CEPAL, OMS, Unesco-, han hecho lo que ha convenido hacer, según sus recursos y según los acuerdos que tienen con el Estado de Chile. En el caso de Unicef,  ha trabajado en la zona mapuche con las policías, con los servicios de salud, los profesores. Pero a mí me parece que Naciones Unidas como un todo podría tener el espacio y la interlocución necesaria con el Estado para proponer un  programa mucho más contundente, donde apoyara el conjunto de políticas públicas que tendrían que acometerse, con el concurso y el apoyo de las poblaciones y líderes mapuche, para mejorar radicalmente,  en un espacio de, por ejemplo, cinco años,  la situación de niños y niñas en materia de salud, educación, espacios libres de inseguridad, etc. Me parece que hay espacio y posibilidades para eso. Hay que tomar una decisión política, tanto del Estado chileno como de las propias Naciones Unidas, pero creo que un pacto por la infancia en la zona mapuche, que constara de una serie de acciones acordadas a corto, mediano y largo plazo, podría diseñarse y cumplirse.

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