Nuevos sabores para la misma receta

Editorial

 El gobierno del Presidente Sebastián Piñera ha puesto en marcha el Area de Desarrollo Indígena para la zona de Ercilla cuyo objetivo es “mejorar el acceso a salud, infraestructura y educación de varias comunidades de la zona, fuertemente marcada por el conflicto y los enfrentamientos,” según resumió El Mercurio. La firma del decreto respectivo, efectuada el lunes 8 de octubre en La Moneda, contó con nutrida asistencia de ministros, autoridades regionales, parlamentarios oficialistas y jefes de servicios, y con una mínima delegación mapuche encabezada por el Longko Juan Carlos Curinao, ex vocero de la Coordinadora Arauco Malleco, quien, según dispuso el Mandatario, encabezará este programa. 

La iniciativa aporta un ingrediente innovador de anuncios y promesas a la receta habitual de represión que reciben las comunidades mapuche en conflicto con el Estado. Con ello el Ejecutivo intenta ganar adhesión o, por lo menos, introducir un elemento de división en momentos crecientemente difíciles que enfrenta debido al prolongado ayuno que desde el 27 de agosto llevan adelante jóvenes mapuches encarcelados en Angol y Temuco.

En los hechos, y más allá de los anuncios, en los meses recientes el tratamiento dado al conflicto mapuche ha escalado en gravedad. El 4 de octubre la comunidad de Temucuicui fue, una vez más, violentamente allanada por carabineros que buscaban al dirigente Mijael Carbone Queipul, Werken de la Alianza Territorial Mapuche. No lograron dar con él pero los comuneros recibieron el tratamiento habitual, que significó el envío de cinco de ellos a los centros asistenciales por golpes o impactos de perdigones. El operativo policial se produjo tras la difusión por Internet de un video en que el Carbone analiza la condena a siete años de presidio que el Tribunal Oral en lo Penal de Angol dictó en su contra el pasado 27 de agosto y que se negó a acatar pasando desde entonces a la clandestinidad. Temucuicui fue escenario de otra violenta y aparatosa incursión policial el pasado martes 16 -cuando el Presidente Piñera realizaba una fugaz visita a Ercilla-, quedando heridos dos niños de 7 y 10 años de edad y un adulto.

Mientras tanto, continúa la huelga de hambre iniciada el 27 de agosto en la Cárcel de Angol, en que participan Daniel Levinao Montoya (de 20 años de edad), Paulino Levipan Coyán (22), Rodrigo Melinao Montoya (20) y Eric Maximiliano Montoya Montoya (23). Los dos primeros están condenados a once años de cárcel y los restantes enfrentan un juicio en el que arriesgan penas similares o incluso más extensas.

En todos estos casos, también en el de Carbone, el delito atribuido es siempre el mismo: homicidio frustrado de carabineros. Es un delito en que no hay víctimas fatales, ni hay heridos; y las pruebas se reducen a los dichos de las presuntas víctimas y/o de testigos protegidos. Tanta coincidencia trae al recuerdo a un abogado de derechos humanos que se declaraba sorprendido por la recurrencia de jóvenes mapuche llevados a tribunales por homicidio frustrado, e ironizaba señalando que merecían ser condenados por extrema ineptitud pues nunca concretaban sus esfuerzos homicidas. A diferencia de ellos, la contraparte ha demostrado eficiencia de sobra en materia de asesinato de jóvenes mapuche. Allí están los nombres de Matías Catrileo, Jaime Mendoza Collío y Alex Lemún para confirmarlo. En todos estos casos, por lo demás, las penas aplicadas a los victimarios han sido mínimas, cuando no inexistentes.

Al ayuno de los presos de Angol se suma el que mantienen en la cárcel de Temuco los jóvenes Leonardo Quijón Pereira (19), Luis Marileo Cariqueo (20), Fernando Millacheo Marín (26), Guido Bahamondes (27) y Cristian Levinao Melinao (27). Los cuatro encarcelados inicialmente en Angol reclaman que se les ha negado un debido proceso. Los segundos exigen ser trasladados al penal de Angol para estar más cerca de sus familias. Y todos coinciden, al final, en declararse presos políticos y víctimas de construcciones judiciales amañadas por el Estado para reprimirlos por su condición de luchadores por las reinvindicaciones del pueblo mapuche.

El gobierno, se supone, conoce la quebrantada situación de salud en que se encuentran los ayunantes mapuche, pero mantiene su receta, ahora adobada con las promesas de un programa que las comunidades reciben con desconfianza y sin entusiasmo, como quedó a la vista en curiosa sesión del ADI a que asistió el Presidente Piñera el martes 16 en Temuco. Fue la misma jornada en que el Mandatario realizó una fugaz visita a Ercilla, para no ver no mucho más que carabineros con sus carros y buses en las calles desiertas, mientras a lo lejos, impedidos de acercarse, un puñado de jóvenes mapuche intentaban expresarle su repudio. Aparte de una visita de saludo al destacamento de Grupo Integral Preventivo de Carabineros de Pidima, el Mandatario reiteró la posición de su gobierno de “luchar con todas las armas del Estado de derecho, contra los delincuentes y los violentistas que lejos de favorecer, solamente causan daño y dolor a la causa del pueblo mapuche y a la causa de nuestro país”.

Ningún avance se puede esperar cuando no hay ánimo de escuchar ni comprender las razones de la contraparte, pero es necesario seguir promoviendo la necesidad del diálogo y el rechazo a la violencia del Estado. Sobre todo por la necesidad de construir un futuro distinto para las nuevas generaciones, las niñas y niños mapuche que hasta ahora siguen viviendo en un entorno de dolor, pobreza y discriminación.

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