Dudas, promesas incumplidas y tareas pendientes

Editorial

En enero de 2012, un incendio forestal en la comuna de Carahue costó la vida de siete brigadistas. Un año después, un atentado incendiario en la comuna de Vilcún provoca la muerte de un matrimonio. En ambos casos la autoridad apuntó de inmediato a buscar culpables entre las comunidades mapuche que reivindican lo que consideran parte de sus tierras ancestrales. 

La situación, por desgracia, no resulta novedosa, si bien hay consenso en considerar el crimen de Werner Luchsinger y Vivianne Mackay como el hito superior de una cadena larga de violencia. Para abordar la situación el Estado cuenta con un pesado aparataje policial y del Ministerio Público. Sin embargo, resulta curiosa la ausencia de resultados concluyentes en la tarea de identificar, neutralizar y castigar a los autores de asaltos, incendios y asesinatos.

De toda lógica resulta cuestionarse si la violencia, que efectivamente existe, es atribuible a quienes el discurso oficial apunta como culpables, y considerar cuál sería la conveniencia de las comunidades para impulsar o amparar estos hechos. Los sucesivos atentados incendiarios al colegio de Chequenco, por ejemplo, o el más reciente caso de la escuelita de Trapilhue, que atiende a seis niños mapuche, qué sentido tendrían.

Dentro del mismo análisis podría postularse también como una tesis no demasiado temeraria que el cultivo de la violencia puede favorecer los esfuerzos de los grandes consorcios y de los latifundistas por avanzar sobre esas tierras que aún no han devorado para ampliar sus actividades.

La criminalización emprendida por el Estado puede entenderse como la estrategia para deslegitimar las luchas reivindicativas del pueblo mapuche. Para el gobierno, se justifica además, apelar a disposiciones de excepción, como la Ley Antiterrorista, para investigar, sindicar y sancionar a los responsables del doble crimen de Vilcún. Sus razones las repiten como un eco los voceros gremiales y políticos. El ejercicio discursivo, citado, repetido y amplificado después por los consorcios que dominan sin ningún contrapeso el escenario de los medios de comunicación,  va  generando  un ambiente que propicia la discriminación,  el sospechismo, la represión de las comunidades mapuches, la militarización de los sectores en que se encuentran ubicadas. De este clima y de las acciones resultantes  suele resultar víctimas principales los niños, niñas y jóvenes, como lo prueban numerosas resoluciones de los tribunales superiores de justicia que demandan el respeto de las leyes y la Constitución en el trato de las policías con los pueblos originarios.

Sin embargo, tras la ola de repudio levantada por el doble crimen de Vilcún y la polémica que despiertan las medidas adoptadas por el gobierno, también se percibe el despertar de una nueva conciencia  respecto de que hoy se viven las secuelas del despojo y la  sangrienta represión de lo que la historia oficial denomina “pacificación de la Araucanía”.  Que los mapuche de hoy son sobrevivientes de las familias  a las que el Estado chileno persiguió y asesinó para repartir después sus territorios a colonos europeos y criollos. Que la marginalidad y pobreza en que viven los mapuche en sus comunidades o en los anillos de miseria de las ciudades es resultado de ese proceso y de una dinámica de la violencia y la avaricia de los nuevos ocupantes de la tierra, prohijada por el Estado, para expandirse a costa del más débil, del que desconocía lod (los) recovecos de una ley que no era la suya, del que no tenía  el poder de su lado.

Por cierto, la situación descrita resulta difícil de abordar y, aún más, es desaconsejable desde la óptica de quienes creen en el sistema y usufructúan del orden establecido. Pero el conflicto existe, lo creó el Estado de Chile y por lo tanto, toca a este Estado la obligación de buscar fórmulas para avanzar hacia la superación de los problemas. Aceptar el diálogo es imprescindible como  punto de partida.

Para los mapuche el conflicto importa la vulneración de todos sus derechos, económicos, sociales, culturales, humanos. Esta vulneración de derechos no es un tema del pasado ni ocurre de manera esporádica. Es la forma de vida que el Estado les  ha impuesto,  a los que viven reducidos en sus comunidades y a los que se han visto obligados a emigrar a las ciudades para sobrevivir.

Por esa razón y porque el Estado hasta ahora no reacciona  es que diversas organizaciones de la sociedad civil constituidas como ONGs  han asumido la misión de allegar sus esfuerzos para paliar en alguna medida la situación. Es el caso de Fundación ANIDE, cuyo mandato es la promoción y defensa de los derechos de los niños, niñas y jóvenes, en especial de aquellos en situación de mayor vulnerabilidad social, económica y cultural. Por cierto, entre ellos están los niños, niñas y jóvenes mapuche; son los más afectados por la marginación social, por la pobreza y falta de oportunidades, por la represión policial y la persecución del Ministerio Público.

Las ONG entienden que su labor es desarrollar acciones y programas para promover las condiciones de vida de los grupos humanos más necesitados. Pero su objetivo no es reemplazar al Estado sino acompañarlo en este esfuerzo. Al Estado, a sus dirigentes e instituciones  corresponde  la obligación de promover y defender los derechos de sus ciudadanos, de las familias, de todas las personas.

Hasta ahora los responsables del Estado han optado por la represión y las promesas, por el discurso dilatorio. En cuanto a la infancia, las obligaciones que el país contrajo al suscribir la Convención de Derechos del Niño en 1990 resultan letra muerta; no se ha avanzado en protocolos para evitar los excesos de los agentes del Estado; la reparación de derechos vulnerados no existe. La deuda en términos de derechos incumplidos es inmensa. Todo esto significa que una gran tarea está pendiente.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s