EL PESO DE UN ESTADO REPRESIVO

Editorial

El clima permanentemente represivo que viven las familias de las comunidades mapuche que reivindican territorios ancestrales y el efecto que eso provoca en sus niños y niñas estuvo inevitablemente en el foco de la realidad que observaron dos representantes de las agencias de cooperación Kindernothilfe de Alemania y Austria que en una reciente visita al país hicieron escala en la Región de la Araucanía.

Reunidos con dirigentes de la comunidad de Temucuicui y con educadores mapuche del programa Pichikeche, los visitantes recibieron el relato de las recurrentes y masivas invasiones de agentes policiales que ingresan a los espacios comunitarios en vehículos blindados, disparando y lanzando gases, apoyados por  helicópteros y aparatos de avanzada tecnología, incluido el sobrevuelo de aviones no tripulados o drones. Pruebas físicas y documentales exhibidas ante las visitas dieron cuenta de las víctimas, muertos y heridos, que hasta ahora deja ese despliegue represivo del Estado.

También exhibieron ante ellos el testimonio y los documentos que dan cuenta del hostigamiento  de la persecución judicial a que están permanentemente enfrentados los dirigentes y miembros de las comunidades como represalia por sus actos reivindicatorios. Les expusieron como, sometidos a juicios interminables, deben vivir –ellos, sus familias y sus hijos e hijas-  bajo la tensión permanente del accionar de fiscales cuyas órdenes de detención y allanamientos las policías cumplen con violencia y ánimo de humillación. Les explicaron que deben afrontar además la manipulación de pruebas y el desfile de testigos sin rostro, y resignarse a pasar largos períodos en prisión preventiva como parte de juicios que normalmente terminan diluyéndose en el tiempo o cerrándose en sentencias absolutorias dada la ausencia de pruebas reales.

Un nuevo ejemplo que grafica lo anterior es la segunda absolución, dictada el pasado 28 de mayo, en la causa abierta contra el werken de la comunidad Wente Winkul Mapu, Daniel Melinao.

Esta vieja práctica del Estado de Chile en contra de sus pueblos originarios por supuesto que no es inocua. Deja daño de muchos tipos en las comunidades y, sobre todo en sus niños y niñas, secuelas imprevisibles y un sufrimiento que resulta imposible de curar.

Desde otro ángulo, también llama la atención la generosidad del Estado para asignar personal, recursos y las más avanzadas tecnologías para una faena represiva tan difícilmente defendible,  mientras en otras áreas la provisión del Estado resulta tan mezquina. Provoca sorpresa, por otra parte, una presencia tan desproporcionada del Estado en una tarea –la de reprimir- y su notable ausencia en otras áreas donde sí resulta de extrema y urgente necesidad.

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