UNA MIRADA CRITICA A LA CONVENCION SOBRE LOS DERECHOS DEL NIÑO

Comunicaciones ANIDE

Salvador Millaleo sostiene que los derechos de los niños y las niñas son una construcción normativa que acuñó la sociedad del siglo XX y que con ello se puso fin a una vieja historia en la que los niños fueron considerados tanto propiedad como recurso económico de sus familias. Sin embargo, cuestiona la Convención sobre los Derechos del Niño porque, a su juicio, establece “una concepción occidental hegemónica de infancia que es individualista y en principio hostil a los vínculos comunitarios que son constitutivos de la situación y bienestar de la infancia indígena”.

Millaleo, abogado, doctor en sociología y académico de la Facultad de Derecho de la Universidad de Chile, agrega que en la Convención se logra un acuerdo entre una corriente paternalista y conservadora para la cual los niños sólo tienen necesidades, pero no derechos, y una corriente intelectual que postula el otorgamiento de derechos y entiende a los niños como sujetos bajo un concepto de autonomía. Señala que “entre estos dos extremos el debate se zanjó con una fórmula que satisface a ambas concepciones y los compromete: establece que los niños tienen derechos, pero limitados, y sus padres son instrumentos que apoyan el cumplimiento de esos derechos”.
– ¿En qué sentido esa concepción individualista del niño que acoge la Convención se contrapone con la visión indígena de la infancia?
– La diferencia central está en que la Convención se enfoca en una noción del individuo aislado, solitario, o para el cual los vínculos sociales son accesorios y las pertenencias comunitarias son sólo secundarias. Mientras que en las culturas indígenas la noción de infancia se define por la participación activa de niños y niñas en los procesos comunitarios de sus pueblos; el niño indígena se desarrolla a partir de los contenidos culturales en que están inmersos. Por otra parte, para los pueblos indígenas los niños son su futuro, son el medio que asegura a las comunidades que podrán continuar existiendo como entidades culturales, sociales y políticas diferenciadas respecto de las sociedades no-indígenas.
– ¿Eso implica también el trabajo infantil, que la Convención considera entre sus prohibiciones?
– Es que allí está la diferencia con la concepción hegemónica occidental. La Convención se abstrae y ve al niño sólo como un sujeto individual. La ideas de qué es trabajar, de infancia e inocencia, de creatividad, no son las mismas en todas las culturas. En ciertas culturas las personas contribuyen a las labores de su comunidad desde niños. Entre los mapuche, por ejemplo, los walpife, que son los niños que ayudan a la machi, tienen una labor muy importante; y los niños también asisten a los trawun, las asambleas comunitarias, y son parte de las luchas de sus comunidades. Los niños son considerados parte de su comunidad y su desarrollo considera las más diversas áreas en las que van cultivando y demostrando sus aptitudes. Cómo se desarrollan, depende de su comunidad.
En sociedades como la del Chile actual, ¿es posible el desarrollo de una infancia indígena y el respeto de sus derechos como niños indígenas?
– Los derechos de los niños indígenas sólo puede comprenderse en el contexto de sus comunidades y por eso las vulneraciones a los derechos de las comunidades indígenas afectan directamente a los niños indígenas. En particular, la pérdida de las tierras y territorios, el acoso a su identidad cultural y la degradación generalizada de los recursos que los pueblos indígenas están experimentando en América Latina y particularmente en Chile, afectan la calidad de vida y los derechos de los pueblos indígenas. Y por lo tanto, y de manera más profunda por la vulnerabilidad que tienen los niños, esas vulnerabilidades afectan más a la infancia indígena.
– ¿En lo específico, a qué tipos de vulneraciones están expuestos los niños y niñas indígenas?
– Al pertenecer a sus respectivos pueblos indígenas y compartir su destino, los niños y niñas indígenas padecen desplazamientos forzados, desposesión, marginalización económica, asimilación cultural forzada, discriminación sistémica y prácticas genocidas. Lo anterior incluye muchas veces, la remoción forzada de los niños indígenas respecto de sus familias. El niño indígena necesita ser indígena, pero en nuestra sociedad eso está vedado, En las escuelas se les somete a una asimilación forzada en que se les obliga a perder su lengua originaria, se les aleja de sus comunidades y se les prohíbe su cultura. La idea nuestra es que los niños indígenas sufren como niños, pero también como indígenas, porque se violan ciertos derechos que están en la Convención, pero también su derecho a ser educados en su cultura. Y cualquier violación a su derecho indígena es una violación a su derecho de niño.
– ¿Es posible encontrar un punto de acuerdo con la Convención, que permita comprender que existen los derechos de los niños indígenas y que los favorezca y respete?
– Podemos encontrar un puente en los artículos artículos 8 y 31, referidos a la diferencia cultural. El artículo 8º de la Convención establece el compromiso de los Estados Parte “a respetar el derecho del niño a preservar su identidad, incluidos la nacionalidad, el nombre y las relaciones familiares de conformidad con la ley sin injerencias ilícitas”. Tenemos, además, el artículo 29 de la Convención, referido a “inculcar al niño el respeto de sus padres, de su propia identidad cultural, de su idioma y sus valores, de los valores nacionales del país en que vive, del país de que sea originario y de las civilizaciones distintas de la suya”, además de “preparar al niño para asumir una vida responsable en una sociedad libre, con espíritu de comprensión, paz, tolerancia, igualdad de los sexos y amistad entre todos los pueblos, grupos étnicos, nacionales y religiosos y personas de origen indígena”. Y además se establece el artículo 30, que señala: “En los Estados en que existan minorías étnicas, religiosas o lingüísticas o personas de origen indígena, no se negará a un niño que pertenezca a tales minorías o que sea indígena el derecho que le corresponde, en común con los demás miembros de su grupo, a tener su propia vida cultural, a profesar y practicar su propia religión, o a emplear su propio idioma.”
– ¿Cree Ud. que en esta sociedad existe esa dimensión nueva que considera y respeta la diferencia cultural del niño indígena?
– Obviamente que no porque en nuestro sistema de protección a la infancia no existe el derecho a la interculturalidad. Por ejemplo, ninguna política del Sename ha tenido consulta indígena. Es verdad que hubo un pequeño avance cuando en el Sename de la Región de la Araucanía se instaló la figura de un facilitador cultural, pero nada más. Hoy las instituciones están haciendo una protección sesgada, que reproduce la alienación de los niños, en lugar de fortalecer los lazos y redes de protección social que los apoyen. Si a los niños indígenas se les saca y se les niega esas redes, los resultados van a ser negativos, cualquier programa va a ser un fracaso, no van a alcanzar los resultados que esperaban. Por eso es clave luchar porque la política de infancia considere la interculturalidad y la visión indígena. Y que de una vez por todas las organizaciones civiles se preocupen de la infancia indígena.

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