“NO ES COMO PARA AGARRAR UN BOMBO Y SALIR A CELEBRAR”

Comunicaciones ANIDE

La comunidad Antonio Ñiripil es un caso emblemático de la causa mapuche por su empeño en  recuperar  las tierras perdidas en la segunda mitad del siglo 19, cuando la lonko-pascual-pichun-cumbre-mapuche-c3b1ielol-160113-01-adkimvn1-300x235joven República de Chile inicia la ocupación y el despojo. Reducida a espacios mínimos donde las familias apenas pueden sobrevivir, la comunidad inicia una larga campaña de juicios, trámites, ocupaciones y movilizaciones que se prolonga por décadas y culmina recién en 2012 cuando la Conadi  adquiere el Fundo Santa Rosa de Colpi a la Forestal Mininco para devolver sus tierras a sus legítimos dueños, los comuneros de Temulemu.

El logro mayor reside en la recuperación no sólo de los espacios comprendidos en el Título de Merced, sino también de las tierras antiguas cuyos alcances y términos permanecían archivados en la memoria de los abuelos. Esa lucha prolongada, que enfrenta y supera los obstáculos, aún los más doloroso, tiene un nombre, el de Pascual Wentekeo Pichun Payllalao, el lonko Pichún, héroe mapuche de Temulemu.

Pascual Pichún, su vecino  Aniceto Norín, lonko de la comunidad Didaico, y Patricia Troncoso Robles, “la Chepa”, fueron tres de los ocho demandantes de justicia que la Corte Interamericana de Derechos Humanos reconoce como víctimas de violaciones de sus derechos por parte del Estado de Chile. Imputados por  ”incendio terrorista”  en el denominado “caso de los lonko”, terminaron condenados en un juicio plagado de irregularidades, con testigos protegidos y absurdos jurídicos de antología. La causa pareció terminar con un fallo absolutorio del Juzgado de Angol que reconoció no haber logrado convicción de que eran culpables de terrorismo, pero la Corte Suprema,  a pedido del gobierno y del latifundista y ex ministro Juan Agustín Figueroa, ordenó un nuevo juicio, mandato que un nuevo tribunal acogió imponiéndoles cinco años y un día de cárcel por “amenaza terrorista”.

Juan PichonJuan Pichún, hijo mayor de Pascual, lo sucedió en la responsabilidad de lonko cuando estuvo encarcelado y fue confirmado en el cargo tras la muerte de su padre, en 2013. Juan reconoce que todo esto ha sido “una historia muy dolorosa”.

“Uno vive toda esa violencia represiva de muchos años que fue la lucha de los antiguos y que se revivió en los años 90. Se me viene a la memoria la presencia del personal de seguridad que las empresas forestales contrataban,  ex militares o ex policías que traían gente que presentaban como brigadistas para combatir incendios, pero eran paramilitares que portaban armas, palos, perros y provocaban mucha rabia porque abusaban con los mapuche. Era mucha la impotencia por sus ataques a la comunidad, detenían las micros y controlaban a la gente, acosaban a los niños”.

– ¿Cómo los afectó a ustedes, como familia y como comunidad el proceso y la condena que sufrió Pascual Pichún?

-El hecho de que esté el papá en la cárcel y más encima que sea apuntado con el dedo como terrorista, y  tú  que caminas por la calle y te dicen, “¡ah, mira, ése es uno de los hijos del terrorista!”, y que haya una persecución, que los carabineros te bajen de las micros delante de un montón de gente y te apunten con sus armas… eso es una represión y es una especie de racismo también que está ahí.. Mi padre eso lo sufrió en la cárcel, pero nosotros también lo sufrimos estando afuera. Claro, también sufrimos la cárcel, y sufrimos el estereotipo. Además siempre hay una especie de  quiebre social y espiritual en la comunidad cuando no está el lonko.

– Las autoridades y la prensa hablaban entonces de infiltrados y de terroristas en el movimiento mapuche. ¿Qué piensa usted de eso?

– Hablar de infiltrados es como burlarse de lo que los mapuches podemos hacer. Siempre nos han tratado con discriminación y terminan tratándonos de terroristas. Mi padre falleció preguntándose por qué lo trataban a él de terrorista y nunca recibió respuesta. “Si aquí en Chile no hay terrorismo”, decía él. “Yo lucho por mis derechos, por mis tierras. Los colonos no trajeron tierras en camionadas para ponerlas allí donde armaron sus latifundios;  ellos ocupan las tierras que habían sido nuestras, de las comunidades”.

– Pascual Pichún sufrió la cárcel pero logró ver el resultado de su lucha por las tierras. Sin embargo, no alcanzó a conocer el fallo de la Corte Interamericana.

– Sí, hace poco este fallo nos vino a dar la razón de lo que nuestro padre siempre dijo, que era inocente. Por ahí recuerdan que cuando va a declarar ante el tribunal que lo juzgaba, mi padre  muestra las manos y dice: “Lo único que tengo es la voluntad de luchar y de participar en las luchas colectivas”. El era siempre muy querido por la comunidad, siempre lo veían contento, de buena conversa, atendía bien al que llegaba a su casa, pero no era terrorista. Esa forma de vida es la lección que él nos dejó. Nosotros creemos en los sueños, y  yo creo que mi papá se sintió liberado de que se había limpiado su nombre, que se reconocía que no era terrorista. Esa es una alegría que compartimos. Aunque nos habría gustado también que alguien a nombre del Estado hubiera reconocido esto y hubiera pedido perdón por el trato que se le dio al mapuche. Creo que eso sería lo correcto.

– Ahora, desde su responsabilidad de lonko, ¿cómo ve usted el futuro de su comunidad?

– Nosotros logramos recuperar la tierra y eso es para los hijos, para que  estudien y vuelvan acá con nuevos conocimientos y los aprovechen y enseñen. Los nietos eran otra forma de alegría de mi papá. Ellos también van a seguir con la historia, van a proyectar el kimun, la sabiduría mapuche.  A mí me tocó asumir la conducción de la comunidad por ser el hijo mayor del lonko. Nunca pensé que me iba a tocar tan rápido, uno tiene otras cosas en mente, otras ideas, pero cuando eres lonko tienes que asumir una autoridad política, eso es de por vida, estoy condicionado a permanecer en la comunidad, no se puede conducir a la comunidad  desde la distancia. La gente te ve en la comunidad, te ve en la práctica, ahí uno va también tomando conocimiento y adquiriendo experiencia.

– ¿Ha concluido la represión?

– La represión no ha terminado;  sigue en Temucuicui, en Wente Winkul Mapu y en muchas otras partes.  Al final esto es también  una lucha de poderes: las forestales quieren poner todo ese poder económico que tienen para que nosotros tengamos miedo, pero nosotros también tenemos un poder, el poder del espíritu , el poder que nos da el entender que  la tierra no es sólo una cosa material, que es nuestra ñuke mapu, nuestra madre tierra, que nadie acá trataría de explotar porque la comunidad respeta las especies sagradas. Esa lógica hoy nos permite fortalecernos, nos ayuda  en el tema de la medicina, le permite hoy a la machi ir a buscar el lawen, cosa que antes no podía hacer porque estaba el cerco puesto por la Forestal, porque el cerco también marca el poder, el poder de la propiedad. Después de la recuperación de las tierras ha habido una especie de calma. Después del fallecimiento de mi padre ha habido un reacomodamiento y tenemos que tomar fuerza para volver a la dinámica de trabajo social cultural que dejó mi padre, tratándolo de volver a la memoria de la gente. Es difícil olvidar que era tan querido en la comunidad, pero estamos asumiendo ese rol que sería difícil de cambiar.

– ¿Han desaparecido las tensiones que se vivieron en la comunidad? ¿Ahora pueden vivir con mayor tranquilidad?

– Nunca va a haber una tranquilidad porque tenemos al señor Figueroa que está  ahí, de vecino,  él está contantemente con resguardo policial. Entonces son cosas que nunca te van a permitir  vivir con tranquilidad, siempre hay una incertidumbre de que te pueden volver a acusar de alguna cosa como lo hicieron con mi padre, siempre está esa intranquilidad.

– Y con  la recuperación de las tierras en 2012, ¿de qué manera cambió la vida de ustedes?

– Yo creo que hoy día tenemos, por ejemplo, el tema del agua. Las forestales han provocado mucho daño y son responsables de la sequía que todavía sigue. Pero por otro lado también hay un espacio más amplio para producir y para los animales. Hoy día tenemos más espacio también para que los niños puedan caminar más libremente. En Temulemu viven 52 familias y hay como 70 niños; hay un colegio pequeño, pero los más grandes también van al liceo en Traiguén.

– ¿Cómo valora usted el fallo de la Corte que dice que su padre, el lonko Pascual Pichún, y los otros demandantes fueron víctimas de violaciones a sus derechos, y no terroristas como los sentenció la justicia chilena?

– Es un fallo que no es como para agarrar un bombo y ponerse a celebrar. Hay cosas que son profundas y sobre las que la Corte no se pronunció. Por ejemplo, no se pronunció sobre la Ley antiterrorista, porque nosotros pedíamos que no hayas Ley Antiterrorista. Mi papá lo decía, “aquí no hay terrorismo, los mapuche no somos terroristas, lo único que estamos defendiendo es un derecho, que es propio”. Por lo tanto esa ley no debiera existir, pero existe y va a existir a pesar de que haya una comisión ahí, trabajando. Pero la Corte solamente dice que no la ley está bajo los parámetros internacionales,  entonces yo pregunto, ¿cuál es el parámetro internacional?, ¿lo que dice Estados Unidos respecto a quien es terrorista, o lo que dice  Israel,  o Alemania, o Francia….?, ¿quiénes ponen los parámetros de lo que es o no es terrorista? Entonces ahí hay una cosa que darle más de una vuelta. Porque igual a nosotros  el hecho de que nos digan que hay reparación, de que va a haber educación gratis para los hijos, eso no viene a cambiar las cosas, ni viene a revivir a mi padre, que falleció y se fue con esa inquietud.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s