La mirada crítica de una especialista mapuche


Comunicaciones ANIDE

Jakelin Curaqueo Mariano es profesora, educadora intercultural y magister en Educación mención Curriculum y Comunidad Educativa de la Universidad de Chile. Es miembro del Centro de Estudios e Investigaciones  “Comunidad de Historia Mapuche” (www.comunidadhistoriamapuche.org), perteneciente a las organizaciones del “Bloque por la Educación Mapuche e Interculturalidad (MIEB)”, que llevan a cabo acciones participativas y colaborativas en educación Mapuche. Tiene también la práctica diaria de la docencia con niños mapuche, que ejerce en la Escuela Particular Vista Hermosa de Perquenco, en la Región de la Araucanía. Estos antecedentes la autorizan para expresar una visión amplia y con fundamentos sobre la realidad y necesidades  educativas de la sociedad Mapuche y sobre el Programa de Educación Intercultural Bilingüe (PEIB).

 jakelin curaqueo–  ¿Es necesario que el Estado provea de educación intercultural a la niñez indígena, y por qué?

– En lo que respecta a educación formal chilena, la realidad nos muestra que cada uno de los niños y niñas pertenecientes a las culturas originarias permanece más tiempo en la institución escolar que en sus respectivos hogares. Y en el caso de los niños provenientes de comunidades, debido a las lejanías este tiempo suele extenderse aún más; prácticamente llegan sólo a dormir a sus casas. El sistema educacional con su Jornada Escolar Completa (JEC) está concentrando y absorbiendo todo el tiempo de los niños y niñas indígenas y, por cierto, el Estado chileno debe hacerse cargo de implementar una educación intercultural para todas y todos los niños y niñas que provienen de las primeras naciones, contemplando además la situación de diáspora en el espacio urbano en la que nos encontramos en la actualidad. En definitiva, éste es un tema de derecho y reparo.

– ¿Por qué dice reparo?

–  Porque desde el 1900 nuestros lonko en los innumerables tratados que se establecieron con el Estado chileno apostaron por la idea política de ceder terrenos para la incorporación y expansión de escuelas, y con posterioridad a 1930 las organizaciones como la Sociedad Caupolicán, la Corporación Araucana y la Federación Araucana continuaban con esa apuesta política, pero no con el actual paradigma obviamente; más bien ellos ya hablaban de una educación indígena. Más allá de los estudios realizados es fácil identificar esto, es cosa de ir a las comunidades y ver los letreros en las escuelas que llevan apellidos o nombres de lonko. No obstante, en la actualidad ninguna de aquellas escuelas se encuentra en manos de nuestras comunidades, todas han sido expropiadas y ahora son escuelas municipales. También se apostó por ceder espacios para hogares y universidades indígenas en Temuco, que actualmente son ocupados por instituciones de educación superior. Aquí, obviamente el Estado chileno debe hacerse cargo de revocar esta situación de negación y exclusión a que hemos sido sometidos durante más de un siglo.

–  ¿Y se puede reparar esta situación con un programa como el de Educación intercultural Bilingüe?

– No, porque un programa no tiene ningún peso político, social ni económico para solventar esta demanda. El programa EIB desde su creación hace prácticamente 20 años,  y el Decreto 280, no ha tenido una reformulación y mantiene un enfoque multiculturalista. Ha sido pensado y ejecutado para nosotros, pero sin nosotros, con el enfoque del 60, de “educación indígena para el indígena”, principalmente basado el bilingüismo y que sustenta detrás de este, el despojo de nuestras naciones.

– Como está formulado este programa, ¿hay una relación entre el currículum y la cultura de los pueblos indígenas y del pueblo mapuche en particular?, ¿es necesario modificar el currículum?

–  La curricula contiene la ideología y las orientaciones del entramado social, cultural que se quiere construir en una sociedad determinada. Hoy en Chile el currículum nacional posee un carácter monocultural, homogenizante y reproduccionista. También, la implantación de un modelo curricular único nacional siempre lleva consigo un proceso de deculturación compulsiva. Para el mapuche, la asimilación cultural, la inclusión forzada y la homogenización han significado la negación de nuestra existencia como pueblo. En el campo de sus conocimientos se observa una pérdida progresiva de la memoria social, tanto la lengua, cultura y educación. Además la currícula se configura sobre una base colonizadora en la cual está presente el neoliberalismo y el capitalismo sostenidos por un grupo y sociedad de poder neocolonial y que obviamente afecta a nuestros pueblos. Por otra parte, el PEIB no tiene ningún peso de intervención real en el currículum y está obsoleto en teorías educacionales, en su aplicación; está obsoleto en formulación e implementación; no se acerca a las características de educación de los países que llevan la vanguardia en este tema, que lo contemplan en sus sistemas de educación a nivel país. Debiese, más bien, estar contemplado como mínimo en la actual reforma educacional y eso conllevaría un cambio curricular, que es lo esencial y no se está pensando. Este programa, por lo demás,  tiene una cobertura mínima de escuelas, no cubre los niveles de aprendizajes ni tampoco tiene cobertura en todos los niveles educativos de la educación formal, ni hay transversalidad en las asignaturas.

–  ¿Cuál es su opinión de la aplicación del Sistema de Lengua Indígena?

–  Está bien como idea, pero es segmentada en lo que debiese ser una educación intercultural integral. Yo diría que no existe trabajo para una aplicación de calidad. Por ejemplo, no existen estudios de metodologías de enseñanza y aprendizaje de segundas lenguas, del proceso de lectoescritura de las lenguas, de saberes de las tradiciones orales y comunitarios en el proceso de enseñanza – aprendizaje de lenguas, del promover los estudios sociolingüísticos y comunitarias en el proceso de enseñanza – aprendizaje de lenguas, del promover los estudios sociolingüísticos y del desarrollo de materiales para entornos multilingües. Esto no es un tema sencillo;  debe ser apropiado y deben ir asociados a estudios participativos, no colocarlos simplemente en los planes y programas. No está resuelto el quién lo aplica, cómo se aplica y en qué contexto, entre otras preguntas, y como política debe ir asociado a la formación inicial docente, porque debido a la escasa comprensión de este programa se producen conflictos en las duplas pedagógicas y en los establecimientos en general.

– ¿Cree usted que existen especialistas con la debida preparación para asumir la complejidad de estas tareas?

– Nosotros, los profesionales mapuches, tenemos estudios de magister, doctorados, posdoctorados. Ejemplificando, donde yo trabajo, en la Comunidad de Historia Mapuche, hemos viajado a otros países por nuestros estudios; los integrante de nuestro colectivo  manejan dos, tres, hasta cuatro lenguas y hemos estudiado en universidades de lenguaje que se dedican sólo a la enseñanza de lenguas. Es aquí donde nos hemos dado cuenta de que hay que invertir mucho para rehabilitar una lengua; por lo tanto, tiene que ser una política propia del Estado chileno. Como mencionan algunas de nuestras organizaciones, es necesario potenciar las escuelas, institutos y academias e instituciones Mapuche para el aprendizaje y rehabilitación de nuestras lenguas.

 Y sobre todo en este contexto, promover que los  gestores, ejecutores, promotores de estas políticas deben ser nuestras naciones originarias, incluidos nuestros profesionales capacitados.  Fundamentando aún más, en el aspecto académico no hemos estado en condiciones de igualdad, porque no nos han dado las garantías para diplomarnos, pero aún así, poseemos una gama de profesionales capacitados. Lo que quiero decir es que esto va más allá de la creación de instituciones colonialistas, como por ejemplo el ICIIS (Centro Interdisciplinario de Estudios Interculturales e Indígenas, ICIIS por su sigla en inglés),  que poseen todo un cuerpo de indigenistas no Mapuche que monopolizan el campo de trabajo por la “interculturalidad” en el cual debieran estar los indígenas a la cabeza. Pero no es así, se sigue fomentando la exclusión en estos espacios y  quienes hablan, escriben y piensan por nosotros son otros.

–  ¿Es posible la enseñanza si falta una mayor formación de los profesores en manejo de la lengua indígena?

–  Una de las propuestas que tenemos como Bloque de Educación Mapuche para la reforma educacional es que las universidades contemplen en la Formación Inicial Docente la temática intercultural y, obviamente, cada profesional diplomado maneje al menos una lengua indígena. Esto lo realizan los países que llevan la vanguardia en este tema y los países desarrollados donde al egresar sus profesionales deben manejar al menos dos a tres lenguas. Aquí en Chile se propone que sólo los indígenas debamos conocer nuestra lengua. En el mundo de la globalización los pueblos originarios hemos sido estratégicos en resistir desde nuestras propias epistemologías y lenguas. La idea es pensar lo global desde lo local; aquí el manejo de la lengua de las primeras naciones cobra una vital importancia.

–  ¿Cómo observa el funcionamiento de la dupla pedagógica?

–  Esto ha sido complicado. Los profesores suelen quejarse por no saber aplicar el sector Lengua Indígena y eso es verdad, es así, no es culpa de ellos; en sus universidades no fueron formados en Educación Intercultural o para trabajar en contextos de diversidad cultural. Por otro lado, algunos educadores tradicionales no tienen las condiciones mínimas para funcionar en una sala de clases o fuera de ella. Como ejemplo menciono el Programa de Educación Especial, PIE, que tiene condiciones y recursos necesarios para su ejecución y llegan a contratar hasta siete profesionales para una cobertura de 15 a 20 niños en una escuela con salas bien implementadas. Estas condiciones materiales no la poseen los educadores tradicionales y además se suma a esto que las condiciones laborales son deplorables. Por otro lado, yo estoy en desacuerdo total con que lleven a nuestros kimche y lonko a profesionalizarse, a escolarizarse, a estudiar a una universidad. Es una situación penosa, porque ellos no son profesionales, no lo van ser y no tienen por qué serlo; tienen sus propios conocimientos y desde ahí se les tienen que valorizar, solo necesitan las condiciones.

–  ¿Existe una relación efectiva entre la comunidad y escuela?

– La vinculación de la familia, escuela, comunidad escolar es esencial para este tipo de procesos de enseñanza-aprendizaje, bueno debiese ser así en todos los proceso educativo, el sistema educacional occidental lo divide. Yo creo que se procura hacerlo, pero en la práctica es  muy escasa, sólo se da para el we xipantu o uno que otro evento escolar. Esto también está ligado a otra problemática: la mayoría de espacios físicos para llevar a cabo nuestro sistema educativo mapuche no están en manos de las comunidades, faltan los xeg xeg, los trayenco, menoko, los genko, los paliwe, los guillatuwe. Hay que pedir permiso en los fundos para poder visitarlos. Debería ser un derecho que las escuelas donde se educan nuestros niños tengan acceso libre para ingresar a nuestros sitios ceremoniales, ya que todavía no hay un mínimo acercamiento para solucionar el problema de fondo con el pueblo mapuche. Esta misma lógica debiese correr para nuestros hermanos que están situados en la ciudad y sus sitios ceremoniales e históricos.

–  ¿Cuáles son las propuestas que pueden hacer desde el mundo indígena en el escenario del debate de la reforma educacional?

– Sólo como una enunciación de garantías mínimas o básicas, ya que se necesitaría mucho espacio para desarrollar este tema, nosotros postulamos la interculturalidad para todos los niveles educativos; el cambio del currículum monocultural y eurocéntrico existente por uno intercultural; la reescritura y cambio de la historia oficial chilena por una verdad histórica. No podemos seguir ocultando la historia; desde los márgenes, nosotros nos hemos encargados de sacar a relucir la historia verdadera. También proponemos un cambio en el enfoque de la Formación Inicial Docente; la creación de jardines infantiles, escuelas y liceos con currículum propios en comunidades de territorios recuperados. Y en educación superior, planteamos la creación de universidades interculturales, sobre todo en la Región de la Araucanía, dirigidas por mapuches y abiertas a toda la sociedad, y con condiciones para publicaciones propias y producción intelectual. Esto lo hemos presentado y lo seguiremos trabajando hasta que cambien las condiciones para nuestros profesionales Mapuche y las políticas de investigación en el país.  Y, en lo más  profundo, un cambio en la Constitución hacia un país a plurinacional, multicultural y plurilingüe. Mientras no existan condiciones no hablaremos de una verdadera interculturalidad.

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