Por una efectiva educación intercultural

Editorial

La Ley N°19.253, llamada Ley Indígena, estableció que es deber de la sociedad y del Estado de Chile “respetar, proteger y promover el desarrollo de los indígenas y sus culturas”. En su artículo 28 precisa que el reconocimiento, respeto y protección de las culturas e idiomas indígenas contemplará “el uso y conservación de los idiomas indígenas junto al español en las áreas de alta densidad indígena”. Y dispone además el “establecimiento en el sistema educativo nacional de una unidad programática que posibilite a los educandos acceder a un conocimiento adecuado de las culturas e idiomas indígenas y que los capacite para valorarlas positivamente”.

Para poner en práctica este aspecto de la ley surgió en 1996 el Programa de Educación Intercultural Bilingüe (PEIB), con la tarea de desarrollar estrategias de educación intercultural focalizándose en un conjunto de escuelas del país que cuenten con una matrícula significativa de escolares de ascendencia indígena.

Son ya dieciocho años de existencia y práctica de esta experiencia que en su evolución a través de diversas etapas desemboca en la situación actual en que corresponde al Ministerio de Educación la implementación y el cumplimiento del programa y que en 2010 introdujo el Sector de Lengua Indígena como una nueva asignatura dentro del currículum nacional, en igualdad de condiciones respecto de las restantes áreas de la enseñanza.

En el cumplimiento de esta tarea se reconocen avances y retrasos, obstáculos que es necesario superar y debilidades que la institucionalidad debe reconocer para determinar mecanismos y soluciones que permiten seguir avanzando. Aspectos de esta situación quedan expresados en dos de los artículos incluidos en la presente edición de este boletín como un aporte inicial en torno al necesario y amplio debate relacionado con los derechos de la niñez mapuche que está en los fundamentos del programa Pichikeche que desarrolla Fundación ANIDE.

Bilingüismo e inclusividad

Un porcentaje significativo de la población del país se reconoce como indígena (hasta un 6,9%, según la encuesta CASEN de 2009). El reconocimiento y la promoción de las culturas representadas en ese importante segmento de la sociedad constituyen un factor central de la inclusividad que es requisito para el desarrollo armónico del país.

El establecimiento de mecanismos que fomenten y apoyen el conocimiento de esas culturas y de la enseñanza de las lenguas de estos pueblos originarios es fundamental para avanzar hacia un sistema donde todos los niños y niñas puedan acceder a las mismas oportunidades, no importando su origen ni condición social.

La existencia de un programa especial, el Programa de Educación Intercultural Bilingüe, que se aplica en un segmento mínimo de establecimientos de educación básica, es un paso insuficiente para difundir la necesaria valoración y el trato igualitario entre culturas diversas.

El  desarrollo del bilingüismo debe entenderse como un aspecto central del proceso orientado a la construcción de una sociedad más equitativa, que elimine aquellos espacios divisorios entre dominantes y dominados.

Hasta ahora la diversidad cultural ha sido un elemento más de la inequidad presente en la sociedad chilena y ha operado en contra de la práctica de las lengua originarias, con el dramático resultado de culturas que prácticamente ya no tienen hablantes. Una lengua es vehículo para la expresión de los sentimientos y los contenidos que dan existencia a una cultura. En ella está depositada la memoria de sucesivas generaciones humanas. Su desaparición supone una tragedia insubsanable que empobrece a todo el resto de una sociedad.

Con todo lo importante que es el tema de la enseñanza del idioma, es insuficiente si no se consideran los demás aspectos de la cultura, la cosmovisión de los pueblos ancestrales, sus saberes tradicionales, la filosofía, su historia, su memoria, su relación con la naturaleza.  Por lo demás, son aspectos relevantes para el fortalecimiento de la cultura e identidad de los niños y las niñas pertenecientes a los pueblos originarios. Lo contempla, además, la Convención de los Derechos de los Niños que en su artículo 30 hace referencia al derecho que le corresponde, en común al niño indígena a tener su propia vida cultural, a profesar y practicar su propia religión, o a emplear su propio idioma”.

La mantención y el fomento de una lengua y de la cultura de los pueblos originarios deben tener su espacio en el currículum elaborado por el Ministerio de Educación para una práctica efectiva de la interculturalidad, entendida como un diálogo entre culturas en que ambas se enriquecen. Ese conocimiento es clave para resolver conflictos y para una mejor convivencia entre quienes conforman una sociedad.

El aporte del PEIB en este sentido es importante y puede ayudar a convertir a las escuelas en un espacio de conocimiento y encuentro necesario para la construcción de un país donde el diálogo y el respeto permitan avanzar hacia la justicia y la paz social.

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