Ausencias en el debate de la reforma educacional

Editorial

La educación como un derecho y no como una mercancía que sólo algunos pueden adquirir es materia de un debate que hoy se intenta traducir en una normativa para instaurar un sistema distinto, que incluya los mecanismos para asegurar que haya educación pública de calidad y que a ella puedan acceder todos los chilenos.

mapuzugunLa discusión de la reforma, sin embargo, no ha considerado hasta ahora la realidad de una parte importante de la población que cuenta con sus propias especificidades, necesidades y demandas. Se trata de los pueblos originarios, que por la condición de vulnerabilidad y de marginalidad en que han sido confinados, forman parte del contingente más pobre de la sociedad y reciben una educación inadecuada para superar su condición social y aspirar a un cambio.

La situación es de particular evidencia en el caso del pueblo mapuche que permanece en sus comunidades y no cuenta con los  medios para adquirir esa educación de calidad que el mercado asegura a quienes tienen poder adquisitivo. La educación a que pueden aspirar los niños y jóvenes de esas comunidades adolece también de mayores precariedades porque viven en las comunas más pobres del país, comunas que administran establecimientos educacionales pobremente  implementados, con docentes poco motivados y con resultados en las pruebas de evaluación de aprendizaje que se sitúan bajo la media del país. Para mayor precisión en la materia, es necesario destacar que los establecimientos educacionales de La Araucanía, la  región que cuenta con el mayor porcentaje de niños mapuche, se ubican entre los que más bajos puntajes obtienen en las pruebas  de medición de calidad de aprendizaje a nivel nacional.

Por otro lado, los estudiantes indígenas han sido obligados a recibir una educación descontextualizada de su realidad y ajena a su cultura. Históricamente se excluyó la práctica de la lengua indígena en las aulas y sólo en el período más reciente comienza a instaurarse la enseñanza de la lengua indígena como asignatura en el programa escolar.

En fin, con educación parvularia escasa, escuelas y liceos de media o baja calidad e imposibilitados de mejorar sus posibilidades en un preuniversitario, tampoco se puede aspirar a un acceso fácil a las carreras y universidades más demandadas.

No es un asunto de capacidades, como algunos cerebros anquilosados podrían postular. La práctica demuestra de manera indiscutible que los talentos y las capacidades intelectuales están democráticamente distribuidos por igual en todos los sectores sociales y económicos. En lo que ha fallado el sistema es en la repartición de las oportunidades.

El conjunto constituye una realidad que en la discusión de la reforma ni siquiera aparece considerada. Sin embargo, recogiendo una historia en que la aspiración a la educación ocupa un lugar significativo, los profesionales mapuche de esta área del conocimiento levantan su voz y expresan sus inquietudes en torno a la necesidad de una educación de calidad y pertinente a su realidad y a sus necesidades.

Abordar las limitaciones de la enseñanza parvularia y las precariedades de la educación básica, media y superior a que pueden aspirar los mapuche son temas que se abordan en la presente edición de nuestro boletín Pichikeche, a través del análisis y los planteamientos de de dos educadores mapuches.

La necesidad de una política educativa que considere a los pueblos originarios en sus propias realidades debe ser también materia de preocupación por parte de quienes debaten y definen lo que debe ser una educación pública, gratuita, equitativa y de calidad.

El pueblo mapuche, por otro lado, cuenta con expresiones culturales, lengua y conocimientos cuyo conocimiento e integración sólo puede enriquecer al resto de la sociedad. Reconocer, promover y fortalecer esa identidad cultural es el objetivo de la labor que el Programa Pichikeche desarrolla en comunas de la Región de la Araucanía, como lo demuestra otro de los artículos incluidos en el presente boletín.

Al desconocimiento de esa cultura, a los prejuicios, a la ignorancia respecto de esa forma de vida que es parte de una diversidad que el Estado no reconoce, es posible atribuir  en parte el tratamiento ilegal y abusivos que sus agentes, las
policías, prodigan a los niños y jóvenes de las comunidades en conflicto por sus demandas territoriales. Desgraciadamente un ejemplo de esta situación se encuentra también en uno de los artículos de esta edición.

Al final, entonces, esto no es sólo un tema de  aspiraciones e interés de un segmento de la población, sino de una necesidad para un país que aspira a un desarrollo equitativo y a una existencia armónica.  La educación como base de la paz social implica participación de todos los sectores en su discusión, su diseño e implementación. El desafío está lanzado.

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