Educación intercultural para construir la paz social

Comunicaciones ANIDE

El debate actual en Chile en torno a la reforma educacional se focaliza en diferentes visiones sobre temas como el copago y el financiamiento estatal, la selección de los alumnos, la propiedad de los establecimientos, el manejo del lucro. Es una discusión cuyos términos escapan a la realidad del mundo indígena, cuyas preocupaciones son más trascendentales y de fondo. Cuando los pueblos indígenas hablan de educación dirigen la mirada hacia el contexto en que viven y se educan sus niños, hacia el origen y sentido de los contenidos que se les imparten en las escuelas, al futuro que les aguarda como personas y como depositarios de su propia cultura.

María Cristina PainemalCristina Painemal Painemal plantea estos temas de fondo desde su realidad como mapuche y como educadora. Para ella, territorio y autonomía educativa son la  base para que el pueblo mapuche pueda preservar su existencia y su cultura. Proviene de la comunidad Ramón Painemal, en el sector Coihue, comuna de Chol Chol; se formó como profesora de Educación Básica Intercultural en la Universidad Católica de Temuco; cuenta con un Postítulo en Historia, Geografía y Ciencias Sociales y desde hace ocho años ejerce la docencia. Actualmente es profesora jefe de un Segundo Básico y del sector Lengua Indígena en el Colegio William Wilson, un establecimiento particular subvencionado de Chol Chol, en la Región de la Araucanía.

 – ¿Qué puede opinar un educador mapuche respecto de la reforma? ¿Tiene alguna relación este debate con la realidad que viven y los problemas que afectan a los escolares y estudiantes mapuche?

– Para responder esta pregunta  primero debemos contextualizar y mirar la realidad del pueblo-nación mapuche,  que fue ocupado militarmente por el Estado chileno desde 1860 y que desde entonces ha sido sistemáticamente  destruido, primero con la invasión militar, luego con leyes y decretos  y, por último, con la escuela  que desde su llegada ha contribuido a forzar la asimilación de nuestro pueblo a una sociedad dominante que  nos invisibiliza, que nos reduce desde la semántica con términos tales como minoría étnica, que   folcloriza las manifestaciones culturales mapuche, etc.

Dentro de este contexto el pueblo mapuche vive en una situación de colonialismo y  es el Estado el que  piensa y diseña las políticas a aplicar a  la sociedad mapuche, el que decide lo que debemos aprender y pensar. Esta situación se agudiza más violentamente desde la dictadura militar que convirtió el territorio mapuche en  escenario donde el modelo capitalista se ha instaurado a sangre y fuego transformando el Wallmapu en una alfombra de bosque exótico que trae consigo el deterioro de la tierra, la sequia y un nuevo desplazamiento forzado de la población mapuche a otros lugares del país para desempeñarse en trabajos de temporada, o a la metrópolis donde se ocupa  como mano de obra barata.

Nos enfrentamos entonces a la compleja situación de un pueblo al que  el Estado niega sistemáticamente su existencia y que  desde 1997 ha desarrollado agudas movilizaciones  que los gobiernos de turno  han abordado con una represión que  ha costado la  libertad y la vida de muchos mapuche  y con una fuerte militarización de nuestro territorio   y, por otro lado,  han intentado controlar agudizando sus políticas asistencialistas.

– Existen, sin embargo, instrumentos y convenios internacionales que definen los derechos de los pueblos originarios y que obligan a los Estados a respetarlos.

– Es verdad, y en Chile eso es resultado  tanto de la protesta mapuche como de la presión internacional. Por eso entonces  el Estado chileno ha tenido que ratificar tratados internacionales, como el Convenio 169, que respalda, por ejemplo, la autodeterminación en educación. Y éste es un desafío para nosotros: la sociedad mapuche debe desarrollar autonomía educativa donde se elabore un currículo en forma colectiva y donde el modelo al que aspiramos sea decidido desde y por la sociedad mapuche.

– ¿Cree que es posible alcanzar ese objetivo de la autodeterminación educacional?

– Es necesario porque, de lo contrario, los jóvenes mapuche están condenados a ser mano de obra barata, a continuar siendo discriminados e invisibilizados principalmente desde las políticas educativas y desde la escuela. Y esto desencadenará finalmente la pérdida de nuestra cultura.

– ¿Puede ser ésta una oportunidad para colocar en el debate nacional los temas de interés del pueblo mapuche? ¿Y qué temas usted propone?

– El tema principal tiene que ser la autonomía del pueblo mapuche y, dentro de esto, la autodeterminación educativa, que tiene que comenzar por la discusión del currículo, el control de las escuelas, la construcción de la universidad mapuche y, en general, una nueva relación entre el Estado chileno y el pueblo mapuche, donde efectivamente se logren relaciones de equivalencia. Solo de esa forma se logrará esa paz social de la que tanto actores hablan. Sin lugar a dudas es una oportunidad, considerando que la demanda por educación ha sido instalada por los movimientos sociales al calor de la lucha. Y tiene que ser no solo la oportunidad de la sociedad mapuche para instalar su tema, sino de la sociedad en general para demandar una nueva Constitución en base a una asamblea constituyente que jamás Chile ha tenido puesto que la conformación del Estado chileno y de sus constituciones han sido creaciones de la elite para la elite, sin jamás considerar al pueblo. Es una oportunidad para alcanzar una sociedad más democrática, donde  las políticas que afectan tanto a mapuche como no mapuche no se cocinen en la casa de algún político neoliberal.

– Las demandas del pueblo mapuche han estado enfocadas preferentemente en el tema de la tierra. ¿Se plantea también esta demanda en el plano educativo?

– La demanda sobre el territorio comenzó desde 1929 cuando se terminó de fragmentar el Wallmapu a través de los títulos de merced  y el Estado creó la comunidad. Desde allí redujo y limitó no solo el territorio sino también el corazón, la libertad y la cultura. La demanda del territorio no es un simple acto de ejercer el derecho de reivindicar la propiedad, sino que es el deseo de recuperar la libertad de lograr el control territorial. Esto, que parece un objetivo ambicioso,  es la única salida para continuar subsistiendo como cultura, y para evitarlo el Estado neoliberal chileno tiene todo un ordenamiento jurídico de protección de la inversión capitalista con los  efectos ya señalados: prisión política para muchos mapuche que demandan la recuperación territorial, el asesinatos de otros y la aplicación de leyes especiales. Dentro de este escenario la protesta mapuche recién comienza y hoy podemos señalar que existen territorios que, luego de una ardua lucha, están ejerciendo control  y soberanía sobre sus espacios, como es el caso de Temucuicui, de Kaillin, de Temulemu, Didaico, Chekenko, Yeupeko y LLeu Lleu. Y tal vez ahora los pasos de estos territorios estarán orientados no solo lograr la soberanía alimentaria sino también la autonomía educativa,  entre otras cosas.

La recuperación territorial no solo involucra la tierra como elemento material sino como espacio de reproducción cultural, como espacio de vida, de resistencia y de  alternativa a este nefasto modelo económico. Por ello el desafío es lograr la autonomía educativa no solo en el campo, sino dar el salto a la ciudad donde, producto de la invasión forestal, el desplazamiento forzado de población mapuche ha ampliado los cordones de la marginalidad y donde los niños y jóvenes mapuche llegan a escuelas con un modelo educativo racista que solo aculturaliza para que sirvan a la cultura de plástico del consumo.

Explique por qué es importante el enfoque intercultural en la educación que debe entregarse al niño y cuál es la actual realidad en este ámbito.

– En la actualidad estamos ante una reforma educativa racista que no escucha y que solo mira a Europa como modelo. Para construir una sociedad democrática, una sociedad que pueda construir un país más justo  e igualitario, es importante que el enfoque  a nivel nacional sea más pluricultural, con más identificación en Latinoamérica, considerando la riqueza cultural del continente y de sus pueblos. Por ello también es necesario que se acepten las diferencias con el objetivo de generar una sociedad respetuosa justa, solidaria y democrática.

La educación intercultural tiene por objetivo poner en valor el saber de los pueblos indígenas y revitalizar la cultura, pero también acercar a los pueblos para  conocerse los unos con los otros. Y  eso sí sería un camino para construir la paz social.

– ¿Cuál es  su opinión respecto de la Formación Inicial Docente y qué cambios cree necesarios en este aspecto?

– Respecto de la formación docente, creo que claramente no se observa ninguna voluntad de incorporar el paradigma de la interculturalidad al sistema  ya que el Estado solo hace mínimos esfuerzos y promulga pequeños decretos para la Educación{en Intercultural Bilingüe, pero no realiza cambios en las mallas curriculares de los profesionales que se desempeñarán en esta área y no existen universidades que hayan incorporado en sus mallas curriculares la EIB para los futuros educadores. Y no solo eso: creemos que esta formación en EIB es necesaria también para todos los demás profesionales que egresan de universidades de la región, ya que al incorporarse a la vida laboral no tienen idea de la temática intercultural y del contexto en el cual trabajarán. Y eso es otra clara señal de la invisibilización.

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