El desafío es intervenir

Julio Nelson Marileo Calfuqueo[1]

La reforma educacional es el tema que copa hoy los medios de comunicación y que se discute en la mesa, el auto, la calle, el trabajo. Si también usted  se pregunta qué hay detrás de la reforma, cuáles serán sus contenidos, cómo se implementarán la gratuidad, el fin del lucro, la desmunicipalización, es que vivimos en el mismo planeta.

 La reforma, proyecto estrella del gobierno, complica, preocupa, confunde, motiva dudas. Y razones hay de sobra. Porque su diseño y elaboración es una operación restringida al centro político administrativo del país, lejos de las regiones y de las realidades locales. De ese centralismo que explica, por ejemplo, que en los libros de 7º básico de Historia y Geografía y Ciencias Sociales que distribuye el Mineduc aparezcan pingüinos de Humboldt, focas leopardo y ballenas azules en las aguas del Lago Chungara, a 4.517 mts de altura, en plena cordillera de los Andes, cerca del límite con Bolivia.

Podríamos buscar otros errores garrafales o simples descuidos adjudicables al centralismo, pero la idea tampoco es desacreditar todos los intentos de avance en materias de educación. Lo que sí está claro es que las decisiones en esta área, como en tantos otros grandes temas de interés nacional, se acuerdan y se negocian entre el Ministerio respectivo y la gran ruka de piedra llamada Palacio de la Moneda.

Quizás de ahí que “me empiecen a picar algunos granos”, como dice mi sobrino cuando algo le preocupa, porque las regiones y las identidades políticas, sociales y culturales no existen a lo largo del Chile uninacional; son islas, folklore, pequeñas manifestaciones de colonias dentro de un Estado centralista, al que poco y nada le interesan sus perspectivas, sus sueños y aspiraciones.

Digámoslo claro. Al centro político nacional, las regiones no les importan. Y tampoco una participación ciudadana real en el diseño de la actual reforma educacional, como lo ha señalado la Federación de Estudiantes Mapuche, la FEMAE.

A mi parecer, se trata de la misma dinámica racista y discriminadora de la diversidad social que ha caracterizado a Chile en 200 años.

Son varios los obstáculos a enfrentar en este periodo pre reforma educativa. Desde mi perspectiva, los chilenos tienen relativamente claro lo que necesitan y, no creo equivocarme, los mapuche también. El problema surge al preguntarnos dónde ingresamos los pueblos Indígenas u originarios en la agenda de la reforma. La respuesta es sencilla: en ningún lado. No se nos ha considerado como sujetos que tienen algo que plantear, ni como sujetos de derechos. Así como son las cosas, seguimos en la inexistencia como individuos y como pueblo-nación.

Ahora, también veamos nuestra propia responsabilidad en el asunto. Ya sea por desconocimiento, marginación o simple exclusión, nos hemos restado. El partido ya comenzó, van tres goles en contra y quedan 15 minutos para terminar el segundo tiempo. Por ende, si al final del día se quiere ver algo más que un logo indígena en la tapa de los nuevos proyectos educacionales de Chile y del Wallmapu, el desafío es intervenir la iniciativa, visibilizar la demanda y trabajar en equipo mediante organizaciones, comunidades, asociaciones, grupos de estudiantes, federaciones, sindicatos, grupos de profesionales, miembros indígenas de partidos políticos, colectivos y/o movimientos. Todos muy difíciles de congeniar, por cierto, pero no debería resultar imposible sentarse a conversar.

Para la consecución de aquello es necesario fijar principios comunes que permitan potenciar e incorporar algunos puntos esenciales al debate. Aspectos que, por lo demás, no han surgido del aire ni menos han sido desenterradas debajo de toneladas de tierra, más bien son el reflejo de una historia política de aspiraciones, demandas, diplomacia y represión que se arrastran desde principios de siglo y que han quedado enmarcadas en discursos, informes y memorias del pueblo mapuche.

Los puntos a considerar; y no digo fórmulas, sólo son ejes de importancia educativa que no pueden estar ausente de una discusión política de esta envergadura:

1.- Asegurar el uso, difusión, promoción de las lenguas originarias e indígenas a través de un cuerpo jurídico normativo. Tal como se grafica en la propuesta de Ley por los Derechos Educativos y Lingüísticos planteada por la RED EIB.

2.- Trasformar el Curriculum uninacional en uno de carácter interétnico e intercultural con enfoque sistémico. El objeto es modificar las perspectivas curriculares de la educación chilena en los ámbitos de la pre básica, básica, media y universitaria.

3.- Instaurar los proyectos Universidades indígenas y los institutos lingüísticos y de filosofías ancestrales. Una realidad en Latinoamérica. El objeto es generar líneas que permitan orientar el diseño curricular, la profesionalización y la política pública en educación.

4.- Reconfigurar los enfoque históricos de la educación. Los desafíos que impone la modernidad, obligan a re mirar las relaciones históricas. Los procesos colonizadores son propiciados por estas asignaturas; los vencedores escriben la historia, los dominados la

aprenden.

5.- Fomentar los modelos de educación propia. Pensar la enseñanza desde una lógica tradicional es un desafío al que los pueblos originarios, y los mapuche en particular, no hemos

renunciado. La educación mapuche nos lleva a concebir esto como un proceso no al margen del sistema actual, sino como complementario. Donde la visión de hombre, sociedad, cultura, cosmovisión, idioma, son elementos esenciales del Kimeltuwün.

6.- Administración escolar por parte de comunidades y asociaciones indígenas. Las comunidades y las asociaciones emergen como entes que piensan sus procesos de enseñanzas desde sus propias experiencias y territorialidades. Existe un empoderamiento social sobre espacios que hasta hace unos años eran exclusividades de municipios, particulares o congregaciones religiosas. En la actualidad una experiencia exitosa de administración escolar de educación mapuche lo realiza la Escuela Mapuche kom pu Lof ñi Kimeltuwe, en la localidad de Llagui pulli, en Puerto Domínguez. Experiencia eficaz que tiene posibilidades reales de reproducirse en otros espacios de Wallmapu y en otros territorios indígenas u originarios.

7.- Entablar una política pública en torno a la construcción, mantención e implementación de hogares indígenas a nivel nacional: Los estudiantes indígenas que se trasladan de las comunidades o de una ciudad a otra para cursar estudios superiores son un fenómeno social que

ha ido en ascenso a lo largo de 15 años. Periodo en que se conquista el primer Hogar Mapuche en la ciudad de Temuco. La inexistencia de una política responsable por parte del Estado ha llevado a cientos de jóvenes a demandar en las calles tal aspiración. No es posible implementar una solución transitoria regional cuando la demanda nos devela una realidad país.

8.- Un Programa de Propedéuticos indígenas para enseñanza media que favorezca la incorporación de jóvenes a la enseñanza superior: La educación actual deja como víctimas a una gran mayoría de jóvenes indígenas u originarios. Las carencias educacionales y económicas y una base poco sólida han impedido que muchos jóvenes no terminen su educación media y aún menos que intenten continuar estudios superiores. Wallmapu es un ejemplo de esto. La idea de entablar un programa de estas características debe tener por finalidad nivelar estudios, generar oportunidades y evitar las fugas de capital humano.

Se debe tener claro que muchos de estos temas ya son una realidad en otros países del continente. Incluso aquí mismo, en Chile. Algunos de ellos son foco de atención de programas universitarios. Tal vez una de las grandes falencias es que estos puntos se encuentran inconsultos, si es que nos guiamos por los cánones que nos impone la misma institucionalidad chilena. No obstante, todos ellos están permeados por el Convenio 169 de la OIT, la Declaración de los Pueblos Indígenas, incluso la Ley Indígena. Por lo tanto, de que hay temas importantes que poner en la mesa de discusión, eso es más que evidente. ¿O usted cree qué no?

Finalmente, hoy por hoy, el mapuzugun y otros idiomas indígenas se están enseñando en las escuelas chilenas (20 horas por curso mensuales), siempre y cuando la matrícula supere el 20 por ciento del total de alumnos. De eso, poco y nada aprende el alumno, pero el esfuerzo tiene su mérito y recompensa: los niños indígenas y no indígenas lo están incorporando con gran interés. La iniciativa es un paso importante en la construcción de una ciudadanía distinta, quizás más humana, intercultural y más “entretenida” diría yo.

Como decía en otra ocasión, se espera mucho del engendro que aun no nace. La reforma educacional tiene golosinas para todos los gustos e invitaciones para quien las acepte, pero no nos engañemos, los temas que se incluyan solo serán insertos si existe demanda social y principios de acuerdo o presión de los actores. Por ende, de aquí para adelante la pelota del partido está en sus manos.

 

Usted decida su rol.

[1] El autor es Profesor de Educación Básica Intercultural, Magister en Educación Mención Curriculum y Comunidad Educativa

 

 

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