Relato de un encuentro de niños y niñas de comunidades mapuche

Guillermo López Hormazábal

Coordinador Programa Pichikeche 

En octubre último tuve la oportunidad de asistir a un encuentro de niños y niñas mapuche, en la Región de la Araucanía. Su objetivo era generar y promover espacios de sociabilidad y conocimiento entre los niños y niñas inscritos en los talleres de fortalecimiento cultural que el programa Pichikeche promueve. Nunca había sido parte de este tipo de experiencias y debo agradecer a las comunidades que permitieron que compartiera con ellos.

Cerca de las 9,30 hrs. llegamos a la comunidad, ubicada en las cercanías de Temuco, donde los anfitriones nos recibieron con amables saludos. Poco después comenzaron a llegar los niños, niñas y adultos provenientes de otras comunidades, que fueron recibidos por los niños y niñas de la comunidad anfitriona formados en fila intercambiando con ellos el tradicional saludo de “mari mari peñi; mari mari lamngen; mari mari papay o chachay”, según correspondía. Después de esto, todos hicieron ingreso a la ruka. Tablones que cumplían la función de mesas habían sido dispuestos en todo el perímetro interior y sobre ellos los adultos encargados comenzaron a colocar tortillas de rescoldo, mudai, sopaipillas y mote en grano. También comenzó a circular el mate para quien quisiera.

Uno de los peñis anfitriones me comentó entonces que había incertidumbre en torno a la asistencia de las otras comunidades, ya que en esos días se desarrollaba un paro nacional de camioneros que podía impedir el paso de los vehículos provenientes de otras comunas. Sin embargo, minutos después una camioneta ingresó a la comunidad, y detrás de ella un furgón, que transportaban a los restantes invitados. Se repitieron los saludos y todos ingresaron nuevamente a la ruka para compartir el desayuno. Hay que consignar que gran parte de los niños traía consigo no sólo atuendos correspondientes al pueblo mapuche, sino también wiño para participar en el juego de palín.

Cuando todos estuvieron sentados, el peñi anfitrión les dio a todos la bienvenida y les explicó que era importante que se conocieran, que compartieran sus experiencias y que se relacionaran, no sólo con los niños y las niñas de su propia comunidad, sino y especialmente con los de las otras comunidades, ya que ellos son los llamados a ser los futuros dirigentes de su pueblo. Enseguida me solicitó que compartiera también algunas palabras. Comencé agradeciendo la invitación, señalando que para mí era tremendamente significativo poder acompañarlos. Asimismo, les expresé mi opinión acerca de la importancia que tienen estos encuentros para fortalecer los lazos entre las comunidades, en general, y el de las y los niños, en particular.

Terminadas estas intervenciones, el peñi facilitador de la jornada pidió que todos se presentaran (en mapuzungun, los que sabían), señalando su nombre, su procedencia (lof) y su ascendencia (kupan). Los niños y las niñas anfitriones dieron inicio a la ronda de presentaciones. La gran mayoría de ellos utilizando de buen modo el mapuzungun. Lo mismo hicieron los adultos.

Continuó así el desayuno que los anfitriones habían preparado. Los niños y las niñas, mientras tanto, y a medida que iban terminando, hacían abandono de la ruka para ir a jugar. Cuando ya todos habíamos finalizado, se nos solicitó reunirnos nuevamente y entonces el peñi facilitador anunció que nos dirigiríamos al guillatúe de la comunidad, donde se encuentra el rewe y la ruka, y que en ese lugar se desarrollaría un juego de palín. También explicó que caminaríamos todos juntos para entrar de manera colectiva a este espacio sagrado.

Después de caminar unos 10 minutos, llegamos al guillatúe, pero antes de hacer ingreso, el peñi anfitrión nos pidió esperar unos momentos ya que debía conversar con el lonko de la comunidad. Poco después regresó acompañado del lonko, que  saludó a todos amablemente invitándonos a ingresar al espacio del guillatúe. Ya en el interior, se nos anunció que se llevaría a cabo una pequeña rogativa. En el camino habíamos cortado ramas de maqui, que fueron ofrendadas al rewe junto con el mudai que traían consigo algunos dirigentes.

Concluida la rogativa, se inició el trazado de la cancha para el juego de palín y se  solicitó a los niños que se acercaran para explicarles en qué consistía el juego, sus reglas y su origen. Se les explicó además que en ocasiones la finalidad del juego era  dirimir alguna disputa entre comunidades y que, por no tener un tiempo definido, a veces podía durar días. Acerca de las reglas del juego, aprendieron que cuando salía la pelota de la cancha se debía comenzar de nuevo, y asimismo, que debían mantener el wiño siempre abajo para  evitar algún accidente. Se pidió después que los niños se formaran en equipo, uno frente al otro, iniciándose el juego luego de chocar los wiño y cuando la pelota tocaba el suelo. Debido a  que no contábamos con mucho tiempo, se acordó que se jugarían 15 minutos por lado.

En el juego de palín participaron todos los niños, desde los más pequeños hasta los que se acercan a  la adolescencia. A decir verdad, fue bastante entretenido observar su desarrollo, ya que los jugadores pusieron todo su empeño en defender a sus respectivos equipos, los que, por cierto, se conformaron de manera aleatoria, tratando de hacerlos parejos en términos de edad de los participantes. Fue notorio además que muchos de los niños ya poseían un buen dominio del juego.

Las niñas y mujeres, por su parte, alentaron a cada equipo al son del kultrun y de otros instrumentos musicales mapuche, poniendo gran energía en ello. Cuando concluyó la primera parte del juego y los contendores cambiaron de lado, las niñas y mujeres también debieron hacerlo ya que su aliento lo hacían desde donde se encontraba su equipo. Desde la orilla de la cancha también seguían la disputa  los restantes adultos que participábamos de esta reunión, lo mismo que otros jóvenes y adultos de la comunidad que se acercaron al espacio a observar.

Mientras se desarrollaba el juego hizo arribo un hombre de unos 45-50 años. Pensé que era un amigo de la comunidad, pero el peñi anfitrión me explicó que era el cuentacuentos que habían contactado.

Terminado el juego y tras los comentarios acerca de sus incidencias y del resultado, se solicitó a los niños, niñas y adultos reunirse nuevamente. Comenzó, entonces, una breve rogativa para agradecer lo desarrollado durante el encuentro y, concluida esta ceremonia, el lonko nos invitó a pasar a la ruka de la comunidad, donde explicó cuál es la función que ésta cumple y sus características; dio cuenta del material utilizado en su construcción; de la orientación en que está emplazada; de las ceremonias que ahí se realizan; de su utilidad  para la vida familiar. Luego, y de manera muy amable, invitó a sus visitantes a realizar preguntas sobre el tema. Una niña le consultó si en la ruka vivía alguna familia, a lo que el lonko respondió que no, pero que en épocas anteriores la ruka constituía el hogar de las familias mapuche.

Finalizada esta visita se solicitó a los presentes el abandono colectivo del espacio sagrado del guillatúe.

Ya de regreso a la ruka del peñi anfitrión, el peñi facilitador solicitó a los niños y niñas que se lavaran las manos para almorzar. Después, volvió a hacer uso de la palabra para referirse al sentido de este encuentro y reiterar el significado del juego de palín y de las rogativas realizadas en el espacio del guillatúe. Por último, anunció que ahora almorzarían todos juntos, niños, niñas y adultos. Mientras explicaba esto, las personas que colaboraron con la alimentación comenzaron a colocar en los mesones los  alimentos, los cubiertos, vasos, jarros con mudái y las ensaladas que acompañarían al plato de fondo, que comenzó a servirse en forma gradual debido a la insuficiencia de  de la vajilla y al elevado número de asistentes (a esas alturas del encuentro ya éramos alrededor de 50 personas, entre niños, niñas y adultos). Con paciencia, al final todos pudimos disfrutar de un rico y reparador almuerzo.

Terminado el almuerzo, y una vez que las personas encargadas hicieron retiro de los cubiertos, vasos y alimentos que habían quedado en las mesas, se pidió a todos los presentes que reingresaran a la ruka. Se anunció la llegada del cuentacuentos, y se pidió que todos escucharan con atención y respeto.

Antes de iniciar su relato, el cuentacuentos agradeció a los niños y las niñas que estuvieran dispuestos a escucharlo y les explicó, a grandes rasgos, la temática de lo que iba a contar. Señaló que había tenido la suerte de viajar por muchos lugares y que en cada lugar había intentado compartir con los pueblos originarios que allí existían, puesto que mantienen saberes muy importantes para los seres humanos y, principalmente, por su relación con la naturaleza. Explicó enseguida que la historia que  iba a narrar la había aprendido en la Amazonia. Esta se centraba en un príncipe y una princesa, que debían pedir ayuda a la naturaleza para salvar su reino. El cuentacuentos no sólo logró cautivar con su narración, sino que hizo partícipes a los niños y las niñas de los sucesos que iba relatando. Cuando, por ejemplo, señaló que el príncipe tenía que pasar por un túnel de árboles, les solicitó a los niños y a las niñas que formaran, uno frente al otro, una suerte de pasadizo, que él fue recorriéndolo en cuclillas. En otro pasaje del cuento pidió que un niño hiciera el papel del príncipe: de inmediato tres o cuatro niños se pusieron de pie. Al finalizar su relato, todos  aplaudimos con entusiasmo. Los niños y las niñas, por su parte, se tomaron  fotografías con él.

Terminado este acto, el peñi facilitador agradeció en nombre de las comunidades, la participación de cada uno, en especial de los niños y las niñas y ofreció la palabra a quien quisiera decir algo. Uno de los niños intervino entonces, señalando que lo habían pasado muy bien. Finalmente, se repartieron colaciones tras lo cual los niños y las niñas se dispersaron por el terreno de la casa y comenzaron a jugar.

Luego de esto, y viendo  que un peñi se alistaba para llevar al cuentacuentos hacia la carretera, aproveché su viaje para retirarme. Comencé a despedirme de todos, empezando por los niños y las niñas de las distintas comunidades, a quienes  agradecí su participación y su buena disposición hacia mi persona. Luego de me despedí de los adultos y expresé a todos mi gratitud por la acogida, expresándoles que, para mí, el encuentro constituyó una instancia tremendamente significativa en el desarrollo del fortalecimiento cultural de los niños y de las niñas. Terminé de despedirme y abordamos la camioneta que nos dejó en la carretera.

Para cerrar, debo señalar que en el viaje hacia Temuco el cuentacuentos me expresó que también él se iba con una sensación de satisfacción enorme, porque hacía tiempo que no disfrutaba de una participación tan genuina e interesada por parte de los asistentes a su actuación. “En otras ocasiones los niños y las niñas que participan de estas instancias son más retraídos, con menos voluntad de participar. Pero acá fue todo lo contrario; los niños y las niñas mostraron un significativo interés en ser parte del proceso”, me dijo.

Nos despedimos en Temuco, donde descendí del microbús para abordar otro en dirección a Pucón.

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