Conflictos que no se resuelven

Editorial

Las tragedias jalonan el pasado de los Rapa Nui y las actuales generaciones se resisten a que ese signo trágico se siga repitiendo. Arqueólogos y antropólogos repiten con matices la tesis de que en la prehistoria de la isla, la construcción de embarcaciones y la deforestación para ocupar los troncos en el traslado de sus gigantescos moai llevó al colapso a la población y su cultura. Cierto o no, los isleños de hoy temen que el colapso vuelva a repetirse en algún momento producto de la carga que la isla soporta, ahora por cuenta de la migración que llega desde el continente y del turismo que crece a escala geométrica.

Los Rapa Nui adjudican al Estado de Chile, que anexionó la isla  y su población en 1888, un tratamiento caracterizado por la explotación de sus tierras y sus habitantes, el colonialismo y un abandono que alimenta el descontento hasta nuestros días.

La situación no es original y habla claramente de la manera como el Estado de Chile se ha relacionado con sus pueblos originarios.

Según el testimonio entregado en 1987 por Alberto Hotus, presidente del Consejo de Ancianos de Rapa Nui, “en 1895 toda la población pascuense es arrinconada a punta de fusil en una pequeña reservación de 100 mil metros cuadrados en Hanga Roa, sin dejarle espacio para plantar. Les fueron quitadas sus tierras y animales, quemadas sus plantaciones y llevaron animales para que comiesen las que salvaron de las quemazones. Murieron niños de corta edad y personas mayores por falta de alimentos. Por las noches algunos hombres y mujeres saltaban las cercas para ir donde fueron quemadas sus plantas a levantar piedras, buscando algún grano de poroto o tubérculos para comer. (Este acontecimiento en nuestra lengua se llamó ‘onge kote hurehure’)…”.

Un nuevo foco de conflicto se vive en el presente en la lejana “posesión insular chilena” en medio del Pacífico y la comunidad Rapa Nui enfrenta una división producto de las medidas adoptadas por el Parlamento Rapa Nui. La organización, que preside Araki Tepano promueve la separación del Estado chileno y ha decidido asumir la gestión del Parque Nacional Isla de Pascua, fuente principal del turismo que es la única industria de la cual se vive en este territorio, arrebatando su administración a la Conaf. Según Tepano, de esta manera aseguran que los turistas accedan de manera libre y gratuita a los lugares sagrados.

Las informaciones que llegan de manera fragmentada y parcial desde la isla  dan cuenta de discriminación y relaciones complejas con los continentales y de rupturas entre los propios isleños que han reaccionado en contra de las acciones del Parlamento Rapa Nui a través de otras organizaciones y gremios.

La situación se relaciona de manera directa con las negociaciones para una ley de control migratorio que el Gobierno no ha logrado descongelar. El trámite del Estatuto Especial de Gobierno y Administración para el Territorio de la Isla de Pascua, elaborado bajo la primera administración de Michelle Bachelet, ingresó a la Cámara de Diputados en julio de 2008 y desde 2010 se encuentra estancada sin registrar cambios. Los plazos se han ido venciendo y los mecanismos para ordenar los flujos de viajeros y las fórmulas para administrar los recursos del Parque Nacional siguen ausentes. Mientras tanto, las tensiones se siguen acumulando con el riesgo de un estallido social.

La inacción de los gobernantes y la incapacidad del Estado de Chile para resolver los conflictos sociales que el mismo Estado generó en su relación con los pueblos originarios es palpable en este caso. Como lo es también hoy en el caso de las comunidades mapuche que reivindican tierras para subsistir como pueblo y para superar la postración a que se han visto condenadas.

Asumir lo apremiante de estas crisis es una tarea ineludible de quienes pidieron y recibieron la responsabilidad de conducir el país. Cuando el tiempo avanza y los problemas subsisten el riesgo de otras salidas aparece, la violencia hace su ingreso  y otros actores comienzan a ocupar el papel de quienes tienen el deber de resolver el conflicto. Y es difícil esperar que de allí surja la mejor solución.

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