Apuntando a un fortalecimiento de lo propio

Comunicaciones ANIDE

Miguel MelínAl concluir el ciclo de labores del programa Pichikeche, Miguel Melín Pehuen, werken de la Alianza Territorial Mapuche, analiza el proceso que hoy enfrenta la causa mapuche, sus dificultades y desafíos. Plantea que la lengua es instrumento clave para mantener la naturaleza de lo propio y que la infancia y los jóvenes son claves para la proyección de su pueblo.

¿Cuál es su evaluación del estado en que se encuentra hoy la causa mapuche?

A nivel general y a partir de los antecedentes existentes, nuestra causa no ha variado en el fondo, sólo se van incorporando matices con elementos nuevos que surgen del contexto y de aprendizajes de otras luchas en el mudo. La lucha principal, que es la demanda por la devolución del territorio propio, se mantiene y en algún sentido se agudiza por la situación crítica que implica la expansión del monocultivo forestal como modelo impulsado por el Estado y, el papel cada vez más protagónico que vienen asumiendo hoy los latifundistas organizados bajo una lógica paramilitarista peligrosamente avalada por el Gobierno con diversos tipos de incentivos como las “juntas de vigilancia rural” y otras agrupaciones “gremiales” que presionan a tal punto que obligan a la Presidenta a que lo visite. Y la forma cómo ella lo hace da cuenta que estábamos bajo un “falso perdón”, una ilusión creada y diseñada por el poder para distraer y atraer a algunos como ocurrió, pero es bueno que ocurra, porque eso hace más vigente esta causa colectiva.

A lo anterior, hay que agregar la crisis que se viene en términos ambientales y de transgresión de los derechos mapuche con la instalación masiva de centrales hidroeléctricas de paso sobre nuestros ríos. Proceso que sepulta y echa por tierra en forma definitiva el discurso de la “consulta” que se quiso instalar, el cual no pasa de ser un distractor dilatorio orientado a avalar la instalación de los proyectos de inversión capitalista en Wallmapu.

Entonces, la causa mapuche entendida como la lucha por los derechos mapuche por sobre particularidades, parece estar en una etapa de fortalecimiento de los territorios, de clarificaciones y prácticas culturales y políticas de los lof, de reaprendizaje de lo propio y de la necesaria diferenciación y cauce propiamente mapuche que debe tomar.

¿Las reivindicaciones son las mismas o han cambiado?, ¿hay nuevas expectativas?

Yo considero que las reivindicaciones se han ido delineando mejor, apuntando a un fortalecimiento de lo propio, principalmente a la búsqueda de una práctica descolonizadora más que a la enunciación de grandes discursos. Creo que vamos transitando desde un proceso cuya base está en el “reconocimiento” sustentado en instrumentos del contexto internacional como el Convenio 169 de la OIT y la Declaración de la ONU sobre derechos de los pueblos indígenas; hacia otro que siempre existió que es el “autoreconocimiento” como sujeto colectivo, y que por lo demás, es lo que nos ha permitido mantenernos vivo como pueblo. Esto, que puede parecer una obviedad, a nivel interno es un elemento que se fortalece, que crece con nuestras prácticas en nuestros territorios especialmente en el marco de nuestros gillatun, de retomar nuestros símbolos ancestrales, de volver a hablar nuestra lengua como lengua de comunicación en nuestras reuniones, etc. Entonces, ya no necesitamos que nos vengan a decir “hablen su lengua, se las reconocemos”, sino hablarla. De allí la resistencia natural del mapuche a ser catalogado como “indígena” sino como mapuche.

Diríamos entonces que hay también detrás una perspectiva epistemológica desde la cual muchos a nivel de base en el lof y en articulación con los fvchakeche o ancianos están haciendo rakizuam o reflexionando desde la perspectiva propiamente mapuche. Poniendo también una mirada crítica al contexto de las promulgaciones de instrumentos internacionales en instancias que los propios Estados crean y que, luego, a nivel interno desconocen totalmente, como es el caso de Chile. La ONU, como la OEA, constituyen instancias creadas por los Estados, y como espacios de denuncia sin duda han servido para evidenciar la situación de los derechos humanos, por ejemplo, pero no es posible quedar anclado allí. Nosotros mismos lo hemos usado para ello, pero sólo como lo que son.

Las reivindicaciones generales se mantienen y los unidades básicas de organización territorial mapuche de los lof creo que se rearticulan lentamente. Hay un esfuerzo genuino de superación paulatina de la idea reducida de “comunidad” impuesta jurídicamente, la cual se usa con fines meramente prácticos según el contexto.

Dentro de este panorama, ¿cuál es el papel de la Alianza Territorial Mapuche y en qué situación se encuentra?

PuLofMapuXawvn (ATM), siempre lo hemos dicho, no se ha constituido como de una manera clásica, a la manera winca u occidental; nunca fue esa la idea. Como pueblo y como causa mapuche estamos viviendo un período difícil, y la apuesta no fue, no es ni será mantenernos eternamente en un plano “organizacional” ni dirigencial en el sentido perenne,  sino que nos articulamos para hacer un aporte al proceso de reconstrucción en el que estamos, poniendo desde el inicio al centro de la discusión temas como el territorio ancestral, control territorial, restitución de los símbolos ancestrales como el wüñellfe, de la validación y existencia del longko y su rol, el rakizaum como base de nuestra reflexión e ideología, la tarea del werken en el contexto de hoy, los cuales no lo hemos inventado sino que vienen de la cultura nuestra. Estamos inmersos en ese proceso difícil y complejo, en la idea de impulsar una “matriz” de pensamiento común desde lo propio con liderazgos de base para desde ahí avanzar. Entonces, la Alianza se justifica en la medida en que contribuimos a eso, y si aquello avanza en diversos frentes y el pueblo alcanza niveles más elevados de articulación y proyecto común, entonces habrá que dar paso a instancias mayores de articulación, y las orgánicas existentes darán paso a otras con la conducción de las nuevas generaciones.

Como era de esperar, y como consecuencia lógica de aquellos postulados, desde el anterior Gobierno de Bachelet y especialmente bajo el régimen de derecha de Piñera, como ahora mismo, sentimos el peso del poder represivo y formas diversas de persecución que se ponen a la luz pública cuando es necesario; combinado ello con formas típicas de cooptación de líderes y creación de paralelismos particularmente en el plano de algunos longko y dirigentes que eran parte de la ATM. Pero el proceso sigue independiente de las personas pues aquí nadie es imprescindible. Surgiendo de esa forma nuevos liderazgos que hoy ejercen desde abajo la orientación articuladora como mapuche, entre ellos los werken Alberto Curamil y Javier Meliman, o los longko Juan Curin y Juan Huenuhueque. Sin embargo, también hay una evaluación del papel de estos últimos en la lucha política pasada y actual en la ATM, por lo cual, ellos mismos han solicitado se le respete su rol más sociocultural en los territorios y se les margine del activismo comunicacional y/o urbano porque no es su rol y se desperfila y faranduliza su estatus de autoridad ancestral de un lof, y eso se respeta.

Hoy colaboramos como un integrante más del movimiento y nos fortalecemos en nuestro propio lof, especialmente en periodo de nuestros gillatun que nos corresponde, donde vamos renovando los compromisos con la tierra.

¿Cree que hay una mayor o mejor comprensión de la causa mapuche en el resto de la sociedad chilena? ¿Cuenta con nuevos aliados o con un mayor apoyo?

A nivel genera sí, hay una comprensión y una cercanía de muchos sectores sociales hacia la causa mapuche, pero eso no se ve reflejado en la elite, en la clase dirigencial chilena. Quizás en la sociedad civil chilena y en el contexto internacional se aprecia positivamente la lucha mapuche, en el estudiantado en general y ciertos sectores de trabajadores organizados también, pese a lo precario del mundo organizacional y sindical en chile.

En términos de aliados, tengo mis dudas, quizás aliados puntuales o circunstanciales o para temas o conflictos específicos hay acercamientos. Por ejemplo, con el mundo de medioambientalismo, pero con matices pues hay que recordar que muchos de los que se oponían a HidroAysen recomendaban las “mini centrales” o centrales de paso como solución, las que hoy se instalan en territorio mapuche; con ellos no podríamos ser aliados. Muchas veces la defensa de los ríos y el medioambiente tienen fines particulares que no se han discutido con los mapuche, como la cuestión turística y la búsqueda de un “modelo” apropiado para todos, pues normalmente estos sistemas se imponen desde afuera.

Hay una crisis hídrica brutal que debiera convocarnos a todos, pero desde el mundo urbano no hay la suficiente conciencia de ese impacto para sus propios hijos en el futuro. Este pudiera ser un tema común que nos convocara a todos, y hay ejemplo de actividades conjuntas que al respecto hemos hecho con MODATIMA con buenos resultados, pero hay que profundizar esas alianzas.

El mundo profesional, por razones casi obvias y comprensibles, es quizás otro de los espacios que no aparece mucho respecto de la situación de despojo en la que nos encontramos. Aparecen a nivel personal opiniones de diversa índole, pero no se aprecia un mayor compromiso social. En realidad, eso tiene que ver también con la situación “promedio” del chileno, que se ha venido forjando con marco normativo, educativo, institucional e ideológico pauteado por el modelo de desarrollo impuesto, y que ha influenciado mucho al mundo mapuche también, hay que reconocerlo. Entonces, si esas son las pautas, el mundo de la academia actuará en consecuencia dado que su fuente de financiamientos también proviene del mismo modelo. Allí igual se requieren nuevos aportes críticos respecto de la situación de la región y el rumbo que viene tomando “el desarrollo” y su impacto en la gente. Creemos que ese tipo de alianzas, más del plano del conocimiento, igual son importantes.

¿Qué puede decir respecto de los partidos políticos y su relación con la causa mapuche?

De los partidos políticos no se puede esperar mucho, la verdad, o sea, en el caso mapuche, mucha cooptación, clientelismo y promoción de bonos estatales. Es una experiencia ya conocida desde que el Estado se instala en territorio mapuche hace un poco más de 100 años. De los partidos conocidos, no hay ninguno que tenga siquiera un planteamiento y menos una práctica que refleje un interés mínimo por abordar el conflicto existente acá. Su antigua vocación por el “poder” se queda allí, poder que ya no es el de antaño, con un Estado que dirigía la economía y la industrialización capitalista, sino más bien como un “aparente poder” en tanto aparecen hoy sus miembros subordinados al capital del empresariado.

Cualquier vinculación de este tipo hoy corre el riesgo de estar contaminado con la mano, por ejemplo, de las empresas forestales instaladas en Wallmapu que sin duda, financian a muchos políticos regionales y nacionales que a su vez dirigen sus respectivos partidos. Se habla de partidos en proceso de formación en el marco del “fin” del binominal para la cuestión electoral, pero ese es otro tema en el cual muchos no estamos, pero en la que otros hermanos legítimamente están.

En su momento, particularmente en el contexto de la promulgación de la Ley Indígena, muchos políticos y dirigentes de partidos hablaron de la existencia de una “deuda histórica” con el pueblo mapuche, pero los instrumentos de supuesto pago de dicha deuda no pasaron a ser mas que “mecanismos compensatorios” y sobre el cual los mapuche que ayudaron a generar dichos mecanismos, tampoco se quedaron con la gerencia de los mismos. Entonces, hoy habría que decirle a los partidos –que son los que se suponen gobiernan- que discutamos los mecanismos serios del pago de esa deuda reconocida. Pero evidentemente no hay ninguna voluntad y lo sabemos.

Las respuestas institucionales concretas que los partidos, desde sus respectivos gobiernos crearon, a nivel general,  frente a las demandas mapuche son básicamente tres: la Ley Indígena producto de las movilizaciones impulsadas por el CTT en los 90, el programa Orígenes frente a las movilizaciones de la CAM y los PDTI en el escenario de movilización impulsado por la ATM. Como respuesta particular mencionar  la “Ley Lafkenche” en respuesta a las demandas de la ITL. Las consecuencias de cada “evento” en su mayoría han sido nefastas para el mundo mapuche.

En el pasado muchas veces las familias mapuche desincentivaban el uso del mapundungu en los niños para evitar que sufrieran discriminación en su relación con la sociedad chilena. Incluso se cambiaban los apellidos. ¿Eso ha cambiado? 

Sí, eso ha existido y de alguna manera sigue ocurriendo. Incluso se complejiza porque la otra cultura la tenemos todos los días dentro de la casa, con la televisión, los  noticiarios y eso se ve entonces en los nombres de los niños, los Kevin, los Bryan, los Ronaldo o Jenifer. Pero hay también un proceso de autoreconocimiento de que te hablaba, de toma de conciencia donde afloran los nombres nuestros, y hay familias mapuche donde los niños se llaman Ayülen, Rayen, Nahuel, Alenray. También hay esfuerzos por la recuperación de la lengua; por lo tanto, también existe un esfuerzo interno que estamos haciendo y tiene que ser también un proceso propio, porque el Estado intenta hacer una incorporación, pero desde la lógica occidental, y ha generado en la escuela lo que llaman un sector de lengua indígena, que reproduce el modelo de aprendizaje y de enseñanza de cualquier lengua europea y pone en el aula actividades con esa lógica. Eso es también para nosotros un alerta porque si van a considerar lo nuestro, deberían también hacer un esfuerzo ético y de conocimiento por aproximarse al otro desde lo que somos y no desde lo que creen que somos. A nivel “oficial” hace muchos años que vienen anunciando la muerte de nuestra lengua mapuchezugun pero eso no ocurrirá porque estamos aún enraizados en la tierra.

¿Cómo ve la situación de la infancia? ¿Qué sueños, posibilidades y expectativas tiene hoy la juventud mapuche?

A nuestro juicio, en ellos está el desafío más importante que tenemos. La proyección colectiva como pueblo está ahí. Si no es así, estamos perdidos. Volviendo a la lógica mapuche, lo que hacemos es incorporar a los niños a los procesos propios, por eso los niños y las niñas están incorporados en cada una de nuestras actividades. En este mismo plano considero que el anhelo más grande es ir recuperando la lengua como base e instrumento principal y esencial de reconstrucción de nuestro pueblo. Sin eso perdemos nuestra naturaleza. Los esfuerzos que hay, y que vienen desde muy atrás, nos permiten mantener las esperanzas. Hace décadas un lingüista pronosticó la desaparición de nuestra lengua, y qué ha pasado, seguimos existiendo, nuestras reuniones en gran medida se hacen en nuestra lengua, se ha recuperado mucho. Y se ha recuperado más fuera que dentro de la escuela, desde las familias que han tomado conciencia de la importancia de la recuperación de la lengua, incluso recreando situaciones comunicativas nuevas en contextos ajenos.

No se puede desconocer la expectativa existente por conocer, por estudiar, por profesionalizarse desde la juventud mapuche lo que es bueno. Pero un segmento importante de juventud, por ejemplo, ha optado por la tierra, lo que también es bueno. El desafío aquí está en lograr mantener la base ideológica mapuche que se sustenta en el colectivo, en todos, en la pertenencia que implica la idea de seguir siempre la búsqueda del ser persona, “taiñchegeam” diríamos en nuestra lengua, categoría que en alguna ocasión perdemos.

¿Qué evaluación puede hacer del programa Pichikeche que Fundación ANIDE ha desarrollado en comunidades adscritas a la Alianza Territorial Mapuche?

Primero puntualizar que, además del trabajo que desarrollamos con la CEPAL, constituye uno de los pocos trabajos que hemos asumido con instancias externas; y lo hicimos porque creímos que fortalecería lo que ya veníamos haciendo, es decir, profundizaría nuestro trabajo de recuperación lingüística por ejemplo.  Y creemos que ha sido muy importante como modelo de trabajo con los niños, niñas y jóvenes. Lo que se ha hecho en Temucuicui, lo que se hace en otras partes, ha sido valioso, la gente se ha apropiado de esto y lo propone como modelo para seguir desarrollándolo. Fue importante también para nosotros en el sentido que nos hizo  reflexionar con nuestra gente sobre lo que es propio de nosotros, sobre la enseñanza del mapuchezugun al estilo nuestro, porque de verdad son pocas las experiencias conocidas a nivel autónomo en este ámbito, pues normalmente está detrás la institucionalidad occidental. En este caso, no hubo tal intervención por lo que nos permitió construir el diseño y su implementación.

En ese contexto, pensamos que de manera independiente los esfuerzos propios continuarán en cada territorio y otros interesados. Por lo que debemos destacar de ANIDE su lógica y procedimiento de conversación que no fue transgresora sino comprometida con nuestro trabajo. Son alianzas valiosas importantes que sin duda contribuyen a la causa general de la cual venimos hablando en esta conversación.

 

 

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